Capítulo décimo segundo

De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote y de la belleza de los amores locos y las cosas locas que ésta produce

La historia de Don Quijote de la Mancha va a propagarse por toda España y más allá de España por ser una historia que, a lo mejor en muchos detalles, no es verdadera, pero que sí lo es en lo que revela acerca del alma humana.
Se cuenta en las tabernas, se discute sobre ella a la hora del almuerzo, la madre la cuenta a sus hijos hasta que se adormecen, el abuelo la lee con lágrimas en los ojos porque le hace comprender su vida.
Tan verdadera es esta historia, no por los hechos insignificantes que están al alcance de los ojos sino por los hechos importantes sólo al alcance del alma, que cada cual la entiende a su manera. La comprenden incluso los niños, a quienes se les quedará clavada en el corazón y ahí, a medida que avance la vida, crecerá como una flor. La entienden los intestinos del borracho, a pesar de que nunca reconocerá que se esté hablando de él; la comprende el ama de casa, que esperaba otra vida y también el labrador, que en su afán diario arrastra hastiado su buey. Y lo más importante la comparte, la mayoría de la gente mayor:
- Sí, sí, alguna vez yo estuve igual de loco - dirán con los labios cerrados.
- No - añadirán todos-, no, yo no soy el único en el mundo que era así. Así éramos y, de alguna manera, seguimos siendo todos – agregó el más sensato.

Gracias a ella, juzgarán de otra manera los actos de sus vecinos y aprenderán a perdonar. Por eso, es una historia verdadera. Y por la misma razón que es una historia verdadera en cuanto al alma se refiere, contiene errores, inexactitudes y extravagancias por lo que respecta a los hechos perceptibles al ojo humano.

Tal como se cuenta la historia en las tabernas, consta que los cabreros se sentían conmovidos por el destino de un vecino suyo, que viendo su amor rechazado por una mujer cuya belleza superaba la de las estrellas, se quitó la vida con su propia mano. ¿Es verosímil esto? ¿Eran así los cabreros de España? ¿Hay corazones tan tiernos que florecen en condiciones tan adversas? Más bien, ¿no estallan en carcajadas al ver a un compañero suyo escribiendo poemas de amor y callarse cuando la mujer a la que adora se presenta? ¿No ríen al ver que su colega y amigo desvía la mirada cuando ella le dirige la palabra?
Tan extenso es el territorio de nuestra patria, tan alejado se encuentra un pueblo del otro, que ningún estudio se ha podido realizar sobre el carácter del pueblo español, ya que no se puede llamar estudio científico a un trabajo que, habiendo analizado nada más que a un individuo, deduce que todos los demás también son así. Pero a falta de otra cosa, esto es lo que tendremos que hacer. El único aldeano bien estudiado y analizado era Sancho Panza y, no cabe duda, de que éste no sentiría ninguna compasión por un hombre que se había provocado la muerte tras haber sido rechazado por la mujer que amaba. Sano era Sancho Panza, y fuerte. Su mollera era dura como una fortaleza, a la cual únicamente la falta o calidad insuficiente del manjar podía derrumbar. Poca compasión le habría inspirado un hombre, cuyos sufrimientos desconocía. ¿Por qué los cabreros deberían ser diferentes a Sancho?
Nos parece más probable que, yendo de boca en boca como iban las andanzas del Quijote, alguien más culto y más ocioso hubiera, si no añadido por completo, por lo menos cambiado algo de cómo en realidad ocurrieron los hechos.
Sea como fuere, referimos la historia tal como llegó a nuestros oídos, siendo incapaces de comprobar si fue así como en su día hubo sucedido.

Cuenta la historia que al día siguiente, muy temprano, vino corriendo un compañero de los cabreros y les contó que un cierto Crisóstomo se había dado muerte porque una tal Marcela, a la que adoraba y que debía de ser la mujer más hermosa que jamás se hubiera visto en aquella región, lo rechazó.
Si podemos, legítimamente, dudar de la veracidad de estos acontecimientos, no podemos dudar de la gran verdad que encierran. La pasión que más locuras produce es, sin duda alguna, el amor. Basta leer este poema de Dante, el gran misántropo de Florencia, para saber cuánta belleza y cuánta locura el amor engendra.

Mora Amor en los ojos de mi amada;
por lo cual, cuando mira se ennoblece.
Aquél a quien saluda se estremece:
Todo mortal le lanza su mirada.
Si ella baja la faz, el todo es nada,
el ánimo en quejumbre desmerece,
muere soberbia, cólera perece.
¡Oh mujeres, le cumple ser loada!
Toda humildad y toda dulcedumbre
nace oyendo su voz pura y afable.
Dichoso el hombre que la vio primero.
Cuando sonríe -que su boca es lumbre-
se magnifica y hácese inefable
porque es algo divino y hechicero.

¡Qué bella es esta locura! ¡Sí, sí, sí! Dudamos que los sancho panzas lo comprendan. Dudamos incluso que los don quijotes lleguen a entenderlo, a pesar de que nunca hubo caballero andante alguno, que no hubiese estado enamorado, porque en este poema, la vida pura habla y no un raciocinio frío e insensible como el utilizado por la caballería andante, que disfraza la vida porque no la soporta.

Este poema describe la vida pura que al igual que las pasiones, de la nada nace; así como Dios, no fue creada ni por nada ni por nadie. Describe la belleza muda en palabras inalterables, para que no huya lo que es tan huidizo. Lo hace así para que permanezca, para tener todo aquello que sin palabras sólo tendríamos en parte. Nos enseña qué ocurriría si el cuerpo moribundo no se opusiese a ser invadido por tanta belleza, e hiciese como el cristal, que al ser invadido por la luz, no se resiste y acaba fundiéndose con ella.
¿Pero tal belleza, puede producir otra cosa que no sea la locura? ¿Pudo acercarse Dante a Beatrice sin destruirla? ¿Hay algún modo de estar cerca de la belleza y verla íntegra? Al noveno cielo en su obra maestra la llevó, la puso al lado de Dios e invadido por la luz divina la quiso abrazar, queriendo salvar lo más bello que jamás había sentido. Él no pudo acercarse a ella, porque en la Tierra, sólo por un momento puede existir tanta belleza. Queriendo salvar lo que no se podía, escribió una obra maestra bastante alocada.



 

chapter zwölf

Was ein Hirte den Anwesenden und Don Quijote erzählte und von der Schönheit der verrückten Liebe und die verrückten Dinge, die diese hervorbringt

Die Geschichte des Don Quijote de la Mancha verbreitet sich in ganz Spanien und jenseits von Spanien, weil es, vielleicht nicht in den Details, sehr wohl aber, was die menschliche Seele angeht, eine wahre Geschichte ist.

Man erzählt sie in den Kneipen, man diskutiert über sie beim Mittag essen, die Mutter erzählt sie ihren Kindern, bis sie einschlafen, der Opa liest sie mit Tränen in den Augen, weil er durch sie das Leben versteht.

So wahr ist diese Geschichte, vielleicht nicht, was die unbedeutenden Ereignisse angeht, die dem Auge und dem Ohr zugänglich sind, sehr wohl aber, wo es darum geht, was allein die Seele zu sehen vermag, das jeder sie auf seine eigene Art und Weise verseht. Selbst die Kinder verstehen sie, in deren Herzen sie sich festsetzt und dort, wenn sie älter werden, wachsen wie eine Blume wird. Die Eingeweide des Besoffenen versteht sie, auch wenn er nie verstehen wird, dass man von ihm spricht. Die Hausfrau versteht sie, die von einem anderen Leben träumte und auch der Arbeiter versteht sie, der seiner täglichen Arbeit überdrüssig, hinter dem Pflug hergeht. Und das Wichtigste, die Mehrheit der Erwachsenen versteht sie.

„Ja, einmal war ich genau so verrückt,“ werden sie mit zusammengepressten Lippen sagen.
„Nein, nein,“ werden andere beifügen, „ich bin nicht der Einzige in der Welt, der so ist.“
„So waren wir und so sind wir, auf die eine oder andere Art, immer noch,“ fügte der Besonnenste hinzu.

Dank ihr werden sie das, was ihr Nachbar macht, anders beurteilen und werden lernen, zu vergeben. Deswegen ist es eine wahre Geschichte. Und weil es eine wahre Geschichte ist, was die Seele angeht, so beinhaltet sie Fehler, Ungenauigkeiten und Verschrobenheiten, was die Dinge angeht, die sichtbar sind für das menschliche Auge.

So, wie man die Geschichte in den Kneipen erzählt, scheint es so zu sein, dass die Hirten gerührt waren von der Geschichte eines ihrer Nachbarn, der sich das Leben nahm, nachdem seine Liebe von einer Frau, deren Schönheit die der Sterne überstrahlte, verschmäht worden war. Ist das wahrscheinlich? Waren die spanischen Ziegenhirten so? Gibt es so zarte Herzen, die in so widrigen Umständen blühen? Werden sie nicht eher in Gelächter ausbrechen, wenn sie sehen, dass einer ihrer Kumpane Liebesgedichte schreibt und verstummt, wenn die Frau, die er verehrt, den Raum betritt? Lachen sie nicht, wenn ihr Kumpel den Blick abwendet, wenn sie das Wort an ihn richtet?
So weit ist das Gebiet unseres Vaterlandes, so weit das eine Dorf vom anderen entfernt, dass man noch keine Studie über den Charakter des spanischen Volkes hat machen können, denn man wird kaum von einer wissenschaftlichen Studie sprechen, wenn man von einem Individuum, das man analysiert hat, auf alle anderen schließt. Doch genau das ist es, was wir werden tun müssen. Der einzige Dorfbewohner, der genau untersucht und analysiert worden ist, war Sancho Panza und es besteht kein Zweifel, dass dieser nicht das geringste Mitgefühl für jemanden empfinden würde, der sich umbrachte, weil eine Frau ihn verschmäht hatte. Gesund war Sancho Panza und stark. Sein starrer Schädel war wie eine Festung, den allein der Mangel oder die schlechte Qualität der Nahrung hätte niederreißen können. Wenig Mitleid hätte er mit jemandem empfunden, dessen Leiden er nicht nachvollziehen konnte. Warum sollten die anderen Hirten sich so sehr von Sancho unterscheiden?

Es erscheint uns wahrscheinlicher, dass irgendjemand, der gebildeter war und mehr Muße hatte, die Geschichte, die wir nun erzählen werden, entweder komplett erfunden oder sie geändert hat, so dass sie mit den tatsächlichen Ereignissen nichts mehr zu tun hat.

Sei dem wie dem sei, wir erzählen die Geschichte, wie sie uns zu Ohren gekommen ist, da wir nicht in der Lage sind, nachzuprüfen, ob sie sich auch tatsächlich so ereignet hat.

So wie die Geschichte erzählt wird, kam am nächsten Tag frühmorgens ein Kumpel der Hirten und erzählte, dass ein gewisser Grisóstomo sich umgebracht habe, weil eine gewisse Marcela, die er verehrte und die die schönste Frau gewesen sein musste, die man jemals in dieser Gegend gesehen hatte, ihn verschmäht habe.

Wenn wir auch an der Wahrhaftigkeit der Ereignisse zweifeln können, so können wir doch nicht an der großen Wahrheit zweifeln, die diese Ereignisse in sich bergen. Die Leidenschaft, die die meisten Verrücktheiten hervorbringt, ist ohne Zweifel die Liebe. Es genügt dieses Gedicht von Dante, des großen Misanthropen aus der Toskana, zu lesen, um zu verstehen, wie viel Schönheit und wie viel Wahnsinn die Liebe hervorbringt.

Die Liebe wohnt in meiner Herrin Blicken,
Die, was sie anschaun, wunderbar verklären;
Wem einen Gruß sie gnadenvoll gewähren,
Dem bebt durchs Herz unsagbar ein Entzücken.

Der muss die Stirn betroffen abwärts kehren,
Ob seiner Mängel seufzend, die ihn drücken;
Selbst Hass und Hochmut muss vor ihr sich bücken.
Drum helft, ihr Frauen, mir, sie hoch zu ehren!

Wer schlürfen darf des Mundes süßen Laut,
Dem schwillt das Herz in ehrfurchtsvollen Wonnen;
Drum selig, wer das erste Mal sie schaut.

Doch wenn sie kaum zu lächeln hat begonnen:
Kein Wort kann’ s schildern, kein Vergleich erreichen.
Ein Wunder ist es, neu und ohnegleichen

Wie schön ist dieser Wahnsinn! Ja, ja, ja! Wir zweifeln, dass die Sancho Panzas es verstehen. Wir zweifeln auch, dass die Don Quijotes es verstehen, obwohl es noch nie einen fahrenden Ritter gab, der nicht verliebt war, weil in diesem Gedicht das Leben selbst spricht und nicht ein kaltes Konstrukt aus Gedanken, welches das Leben verschleiert, weil es dieses nicht erträgt, wie es von den fahrenden Rittern verwendet wird.

Dieses Gedicht beschreibt das pure Leben, das wie die Leidenschaften aus dem Nichts entsteht, wie Gott, der von nichts und niemandem erschaffen wurde. Es beschreibt die stumme Schönheit in unvergänglichen Worten, damit sich nicht verflüchtigt, was so flüchtig. Es tut dies, damit sie bleibe, um all das zu besitzen, was wir sonst nur in Teilen hätten. Es lehrt uns, was geschähe, wenn der, dem Tod geweihte Körper, sich nicht mehr dagegen sträubte, von soviel Schönheit durchflutet zu werden und wie ein Kristall, wenn es ganz von Licht durchströmt wird, sich ganz hingibt, bis es mit dem Licht verschmilzt.

Aber kann eine solche Schönheit etwas anderes als Wahnsinn hervorrufen? Konnte Dante sich Beatrice nähern, ohne sie zu zerstören? Kann man der Schönheit nahe sein und sie ganz sehen? In den neunten Himmel brachte er sie in seinem Meisterwerk, setzte sie an die Seite Gottes und durchflutet vom göttlichen Licht wollte er sie umarmen, wollte das Schönste retten, was er je besessen hatte. Er konnte sich ihr nicht nähern, weil auf der Erde, soviel Schönheit nur für einen kurzen Moment bestehen kann. Weil er das retten wollte, was man nicht retten kann, schrieb er ein ziemlich durchgeknalltes Meisterwerk.

.