Capítulo décimo quinto

Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó Don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses y donde aprendemos que siempre hay varias locuras, de las cuales se puede elegir la que mejor corresponda

Obviamente la doncella Marcela había impresionado mucho a Don Quijote, porque parecía a la sin par Dulcinea del Toboso y por eso quería encontrarla, para ofrecerle su fuerte brazo. Pero dudamos que a Marcela le hubiera hecho mucha gracia haber sido encontrada por Don Quijote, porque a esta mujer, y por esto la queremos mucho, le gustaba despertar emociones muy reales y profundas y seguramente no habría quedado muy fascinada por un tío tan seco como Don Quijote. Se parecía este Don Quijote mucho a los filólogos, teólogos y otros logos locos que abundan a manos llenas y que, en cada siglo - esto va por nuestro señor Sabelotodo del futuro - , se inventan un par más. Es que todos estos filolocos y teolocos y los otros tantos logos locos son gente bastante estéril y yo, Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio espańol, ya lo pronostico que - esto va de nuevo para nuestro lector futuro, que con sus tonterías interrumpe todo el rato nuestra plática - en un futuro no tan lejano, estudiarán las hazañas de Don Quijote con el mismo vigor estéril con el que éste estudiaba las del Amadís de Gaula. O sea, serán una especie de caballeros andantes que sentados detrás de escritorios, en bibliotecas oscuras y poco sanas, con gafas de culo de vaso y grandes barrigas, harán estudios tan meticulosos como irrelevantes que nadie leerá y que a nadie interesarán. No obstante y a pesar de ello, les proporcionarán gran satisfacción y orgullo a estos locos, que creerán que con un trabajo tan arduo pero irrelevante, la ciencia humana puede avanzar.

Molinos de viento atacarán en forma de problemas tan raros que nadie tiene; y en feroz batalla, siendo su espada un lápiz, la cabeza de esta hidra degollarán, para que del cuello decapitado nazcan de inmediato otros problemas, enemigos dignos de tan valientes caballeros. Seca locura aquélla que de secas tripas nace.

A la hora de la siesta llegaron a un prado en el que había de todo lo que se necesitaba para merendar, descansar y hacer la siesta. Un césped limpio y fresco, rodeado de árboles que regalaban una sombra bien rupida y un pequeńo arroyo cuya agua no sólo murmuraba de manera tan dulce que parecía un canto de gitana, sino que era también sabrosa como el vino.
Bajó el uno de su caballo, el otro de su burro y Sancho Panza puso sobre la mesa verde todo lo que tenía para comer y que compartía con su amo, habiendo aprendido, que a pesar de que los caballeros andantes en general ayunan, no desprecian tampoco un buen queso. Mientras estaban allí sentados disfrutando de la delicias terrestres, llegaron unos campesinos, criadores de caballos, que llevaban un par de sus animales al mercado, para venderlos. Éstos, como era de esperar, se sintieron tan atraídos por este sitio idílico, como Don Quijote y su escudero.

Aprendemos en este capítulo, que Rocinante, a pesar de su nombre, más simpatía tenía por las yeguas; lo que significa, ya que las bestias no son tan complicadas como lo suelen ser los humanos, que Rocinante era macho y muy macho, como vamos a ver enseguida.
Sancho Panza no había atado a Rocinante, dejándole andar por dónde le gustara. Este caballero sobre cuatro patas, hasta aquel día, nunca había visto ese objeto que tantas delicias y tantos dolores despierta. Vemos, que en eso de los dolores del amor, caballo y caballero se asemejaban bastante, aunque a su amo, dotado de fantasía, no le hacía falta tener delante el objeto de su deseo porque, algo aún más hermoso que la realidad, habría podido producir con su fantasía.
El caso del señor Rocinante era distinto. Él nunca había tenido, hasta ese día ,el objeto más bello delante de los ojos y por lo tanto tampoco lo había deseado, porque ésta es la diferencia principal entre las bestias y los hombres. Aunque la realidad, o sea, lo que está al alcance de los ojos, despierta un buen número de pasiones en el pecho humano, de las cuales, como hemos visto, se desprenden gran cantidad de locuras, el hombre conoce pasiones sin realidad, mientras que las pasiones de las bestias, por la falta de fantasía, esto es por lo menos lo que suponemos sin realmente saberlo, sólo se despiertan si ven lo que a estas pasiones corresponde. Y habiendo sido el seńor Rocinante hasta aquel día, por la razones dadas arriba, tan tranquilo en este aspecto, Sancho Panza no barruntó peligro alguno cuando aparecieron las yeguas en el prado. Lo que fue un error y uno muy grave.
El comportamiento que mostró el señor Rocinante cuando vio a estas “ damiselas cuadrúpedas”, no fue nada loco, porque para volverse loco hace falta fantasía, sino todo lo contrario, era algo muy concreto y muy real lo que sentía; y lo que en ese momentoo su cuerpo le pedía, tampoco era una ilusión de la fantasía, sino algo muy real.
Tanto anhelaba aquello, que los objetos de su deseo creyeron que se las atacaba y no se defendieron con armas de mujer, que en este caso habrían sido armas inútiles, sino con mordiscos y patadas. Al ver esto, los campesinos que temían que este proceder poco honesto del señor Rocinante pudiera dañar sus yeguas disminuyendo su valor, atacaron a Rocinante con gruesos palos, lo que sorprendió a Rocinante, a quien su conducta le parecía la más normal del mundo y para nada atolondrada. Tan fuerte fue la paliza que cayó sobre el señor Rocinante, si podemos llamar señor a un macho tal, que primero se tambaleó para finalmente estirar las cuatro patas en el suelo.
Viendo esto, el brazo vencedor y fuerte de Don Quijote se crispó, porque lo mismo da pegar al caballo de un caballero andante que al caballero mismo. Sacó su espada, que había ganado honor en la singular batalla contra el escudero de la dama y junto con Sancho Panza, atacó a los infames y no le importó que ellos fueran veinte, mientras él casi solo estaba, porque él solo, ya contaba como cien.

Pero por magia de un feroz encantador enemigo suyo, así lo pensaba al principio y sólo más tarde descubrió la razón verdadera de su derrota, no hubo cómo derribar a aquella energía aliada, a pesar de que ni fuerza ni valor le faltaban.

Contará Don Quijote más tarde, que cayó lentamente, que siendo quebrado un brazo, siguió con el otro, que era una batalla atroz en la cual él había matado a más gente de la que allí había, que continuó luchando como una fiera a pesar de las heridas, hasta finalmente sucumbir, no por la fuerza sino por la magia.
Pero la verdad es ésta: con el primer bastonazo sobre la cabeza, cayó al suelo acompañado de Sancho Panza que prefirió dejarse caer por sí solo. Cuando estaban en el suelo recibieron tantos golpes, que todos los huesos les dolían. Los campesinos, gente normalmente muy sensata, se dieron cuenta de repente de que, arrastrados por un ímpetu feroz, habían exagerado y, antes de que viniera un representante del rey para imponer orden y castigar tales atrocidades, prefirieron irse cuanto antes.

Dice el poeta:

Cada noche, cada día
la fortuna alabo
y si siempre lo justo pienso,
siempre valioso me siento.

Poca cosa parece lo que dice este poeta anónimo que lo copiaría de otro y éste, a su vez, de otro; pero pega bien con la situación en la que se encontró Don Quijote, echado en el suelo, con los huesos quebrados, incapaz de alzarse.
No se podía negar que había sufrido una derrota, lo sentía en los huesos, lo sentía cada vez que se movía.

Cuentan los poetas cosas que todos vivimos, pero de las cuales rara vez nos damos cuenta. Tú, mi muy estimado lector, te pasas el día modificando tu pasado, suprimiendo algunas cosillas que no te gustan o destacando las que más te gustan. Y muy sano es este comportamiento. Si hoy en día los libros de caballería están por desaparecer, es también por el hecho de que por primera vez, hay una historia más verdadera que todas las hazañas del Amadís de Gaula.

Será que eres más tonto que un cacho de pan - esto también vale para el sabelotodo del futuro - pero sientes que esta historia habla de ti y a pesar de que te ríes, sientes escalofríos en tu interior. Se podría incluso decir, que te ríes porque sientes esos escalofríos.
¿Qué podía hacer Don Quijote después de haber sufrido tal derrota? Otra persona no se habría levantado más, sin embargo él, gracias a la fuerza de su fantasía pudo alzarse de nuevo.
¡Cuán terrible esta derrota suya, si debida hubiese sido al hecho de que su brazo fuerte lo había abandonado! ¡Pero así no era! Salió vencido de esta feroz batalla por no ser estos malvados caballeros andantes, lo que iba en contra de las leyes de caballería. Según éstas, un caballero andante jamás lucharía contra alguien que con suma facilidad fuera a ser vencido, ya que una victoria tan fácilmente obtenida no tendría valor alguno. Era por lo tanto justo que la magia acudiera en auxilio de estos malvados. Mostró esto, cuán verdaderas son las reglas de caballería y que hay que respetarlas escrupulosamente.

Quedaba sólo un último problema por resolver. Al encontrarse Rocinante en el mismo estado físico que su amo, únicamente quedaba como cabalgadura el burro de Sancho Panza, que salió indemne de esta tan ilícita batalla en el mundo de los caballeros andantes.
¿Pero podía seguir un caballero andante su viaje sobre un burro? Sí, podía, podía siempre que hubiera un modelo que mostrara que esto es posible. Hemos ya visto que todo se copia, los sentimientos, los pensamientos y las preguntas. Si no hubiese un marco bien establecido, nos perderíamos en un mar de posibilidades. ¿Por qué no se van a copiar las acciones?

¡Sí, sí, sí! Ya te oigo mi lector amado, contemporáneo y futuro. -!Pruebas, pruebas!-, gritas. ¡Ay, lector mío!, ¿sabes por qué no te gustan los poemas? Es porque a ti hay que explicarte el mundo en forma de receta de cocina. Pruebas te doy. ¿Qué te contó el párroco el domingo pasado en la iglesia? ¿No te dio cantidad de ejemplos que debías seguir? Modelos que deberían consolarte, modelos que debían mostrarte cómo comportarte y modelos que deberían mostrarte cómo resolver un problema.
¿Jamás te dijeron que no debías perder tu alma con la historia de Jesús echando fuera del templo de Jerusalén a los mercaderes? ¿No te contaron que el amor divino se multiplica cuando uno se comporta como Jesús en la parábola de los panes y los peces? ¿No trataron de inculcarte que hay que ser fuerte con aquél pasaje de Jesús marchando sobre el agua diciendo a Pedro, "!Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?".

¡Sí, sí, sí! Esto te lo digo yo, Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio español, nunca hay locura si hay un modelo.
!Sí, sí, sí! A mi lector futuro sabelotodo que se mete en la discusión sin que nadie le de vela en el entierro, le digo: en tu tiempo, el mismo Don Quijote se convertirá en un modelo y no será tan loca la locura, porque tendrá un modelo.

Si Don Quijote hubiera sido párroco, habría recordado que Jesús entró a Jerusalén en un burro y si Jesús pudo hacerlo, igualmente lo podía hacer un caballero andante.
Pero a pesar de que la diferencia entre los libros de caballería y la Biblia no es tan grande y se hubiera podido tomar como fuente de modelos tanto los unos como la otra, consta, ya lo sabemos, que para Don Quijote el origen de todos sus modelos eran los libros de caballería. Menester era, por lo tanto, de encontrar un caballero andante que entrase en un pueblo sobre un burro.

En esto se distingue Don Quijote de ti, mi querido lector, porque su locura tenía a su disposición una inteligencia viva que almacenaba para sí gran cantidad de joyas con las cuales podía adornar sus hazañas y un ingente número de modelos, válidos para cualquier situación. Rápidamente su inteligencia había encontrado el modelo justo para la situación en la cual se encontraba.
Había leído en sus libros de un cierto caballero andante Sileno que sobre un asno entró en la ciudad de cien puertas. De modo que bien comprobado quedaba, que un caballero andante también podía cabalgar sobre un burro. Se sentó sobre el burro de su escudero, ataron a Rocinante al burro y continuaron, guiados por Sancho Panza que había tomado las riendas de su burro que dócilmente lo siguió en su viaje.



 

chapter fünfzehn

Wo von dem unglücklichen Abenteuer erzählt wird, das Don Quijote erlebte, als er auf einige ruchlose Yanguesen stieß und wo wir lernen, dass es immer mehrere Verrücktheiten gibt und man die wählen kann, die passt

Natürlich war Don Quijote von Marcela sehr beeindruckt, weil sie der unvergleichlichen Dulcinea del Toboso ähnelte. Deshalb wollte er sie finden, um ihr seinen starken Arm anzubieten. Wir bezweifeln jedoch, dass es Marcela besonders gefallen hätte, von Don Quijote gefunden zu werden, weil es dieser Frau, und deshalb mögen wir sie, gefiel, echte und tiefe Gefühle hervorzurufen und sie wäre deshalb von einem etwas trockenen Herrn wie Don Quijote nicht besonders begeistert gewesen. Dieser Don Quijote ähnelte etwas den Philologen, Theologen und anderen verrückten Logen, von denen die Erde bevölkert ist, und in jedem Zeitalter, das geht an unseren Besserwisser aus der Zukunft, kommen ein paar neue Logen dazu. Diese verrückten Philologen und Theologen und andere Logen sind ziemlich sterile Leute und ich, Miguel de Cervantes Saavedra, Gipfel des spanischen Genies, sage jetzt schon voraus, dass sie in einer nicht allzu fernen Zukunft, das geht wieder an den Leser aus der Zukunft, der mit seinem Blödsinn ständig unsere Vorlesung unterbricht, die Heldentaten des Don Quijote mit derselben Leidenschaft und der derselben sterilen Kraft studieren werden, mit der dieser den Amadis de Gaula studierte. Sie werden also so eine Art fahrende Ritter sein, die hinter Schreibtischen, in dunklen und ungesunden Bibliotheken sitzend, mit dicken Brillen und wohlgenährten Bäuchen, so sorgfältige wie irrelevante Studien fertigen werden, für die sich kein Mensch interessiert. Dessen ungeachtet werden sie diesen Verrückten eine große Genugtuung verschaffen und sie mit Stolz erfüllen, weil sie glauben, dass mit einer so mühsamen, aber irrelevante Tätigkeit, die Wissenschaft voranschreitet.

Sie werden Windmühlen in Form von Problemen angreifen, die niemand hat und in einer schrecklichen Schlacht mit ihrem Schwert, denn auch der Bleistift kann Schwert sein, diese Hydra köpfen, damit aus dem kopflosen Rumpf sofort ein neues Problem entsteht, ein neuer würdiger Feind solch tapferer Ritter. Eine trockene Verrücktheit ist das, die aus trockenen Eingeweiden entsteht.

Zur Stunde der Siesta kamen sie auf eine Wiese, auf der sich alles befand, was man brauchte, um zu speisen und sich auszuruhen. Eine saubere und frische Wiese, von Schatten spendenden Bäumen umsäumt, und ein Bach, dessen Wasser nicht nur so lieblich murmelte, dass es dem Gesang einer Zigeunerin glich, sondern auch so köstlich wie Wein war.

Der eine stieg von seinem Pferd, der andere von seinem Esel und Sancho Panza legte auf den grünen Tisch, was er an Proviant mit sich führte und was er mit seinem Herrn, nachdem er gelernt hatte, dass die fahrenden Ritter zwar für gewöhnlich fasten, aber dennoch einen guten Käse nicht verachten, teilte. Während sie so saßen und die irdischen Freunden genossen, kamen ein paar Bauern, Pferdezüchter, die einige ihrer Tiere zum Markt führten, um sie dort zu verkaufen. Wie zu erwarten, fühlten sich diese von dem idyllischen Ort so angezogen, wie Don Quijote und sein Schildknappe.

Wir lernen in diesem chapter , dass Rocinante, obwohl sein Name etwas anderes vermuten ließe, den Stuten mehr Sympathie entgegenbrachte, womit wir sagen wollen, dass die Bestien weit weniger kompliziert sind als die Menschen und dass Rocinante ein echter Macho, aber ein wirklicher Macho war, wie wir gleich sehen werden.

Sancho Panza hatte Rocinante nicht festgebunden, hatte ihn dahin gehen lasse, wo es ihm beliebte. Dieser Herr hatte bis zu diesem Tag noch nie ein Exemplar des Objektes gesehen, welches so viele Freuden und Schmerzen hervorruft. Wir sehen, dass die Unterschiede zwischen Pferd und Ritter, in Bezug auf die Schmerzen der Liebe, nicht allzu groß waren, auch wenn der Ritter, da er ja Phantasie besaß, das Objekt seiner Begierde nicht vor Augen haben musste, da ja seine Phantasie etwas viel Schöneres als die Realität hervorbringen konnte.

Der Fall von Herrn Rocinante war völlig anders gelagert. Dieser hatte bis jetzt noch nie das schönste Objekt auf der Welt vor Augen gehabt und hatte es deshalb auch nicht begehrt, denn dies ist der entscheidende Unterschied zwischen den Bestien und den Menschen. Auch wenn die Realität, oder das was in der Reichweite der Augen liegt, in der menschlichen Brust eine große Anzahl an Leidenschaften erwachen lässt, aus denen dann wiederum, wie wir gesehen haben, sich die Leidenschaften lösen, kennt der Mensch doch auch Leidenschaften ohne Realität, wohingegen die Leidenschaften der Bestien aus Mangel an Phantasie, das ist es zumindest, was wir glauben, ohne es jedoch sicher zu wissen, nur in Anwesenheit dieser Realität erwachen. Da nun also Herr Rocinante, aus den oben angeführten Gründen, in dieser Hinsicht so ruhig war, ahnte Sancho Panza keine Gefahr, als die Stuten auf die Wiese traten, was ein Fehler, und zwar ein schlimmer Fehler, war.

Das Verhalten, das Herr Rocinante nun in Gegenwart dieser "vierbeinigen Damen" an den Tag legte, war überhaupt nicht verrückt, denn um verrückt zu werden, braucht man Phantasie, sondern ganz im Gegenteil, es war sehr konkret, sehr real, was er fühlte und was sein Körper in diesem Moment fühlte, war auch keine Illusion der Phantasie, sondern etwas ganz Konkretes.

So sehr sehnte er sich danach, dass die Objekte seiner Begierde meinten, dass man sie angreifen würde und sie wehrten sich nicht mit den Listen einer Frau, sie wären in diesem Fall völlig wirkungslos gewesen, sondern mit Bissen und Stößen. Als sie dies sahen, liefen die Bauern herbei, die fürchteten, dass dieses unanständige Verhalten des Herrn Rocinante den Wert ihrer Stuten schmälern könnte, und griffen Rocinante mit schweren Knüppel an, was wiederum Rocinante überraschte, der nichts Ungewöhnliches oder Verrücktes an seinem Verhalten finden konnte. Die Tracht Prügel die auf Herrn Rocinante niederprasselte, wenn wir denn einen solchen Macho "Herr" nennen können, war so gewaltig, dass er zuerst schwankte und dann seine vier Beine auf dem Boden ausstreckte.

Als er das sah, da zuckte der rächende Arm von Don Quijote, denn das Pferd eines fahrenden Ritters zu schlagen ist so, als ob man diesen selbst schlüge. Er zückte sein Schwert, das schon durch die Schlacht mit dem Schildknappen der Dame zu Ehren gelangt war und griff, zusammen mit Sancho Panza, die Ruchlosen an. Dass sie zwanzig waren und er fast allein, interessierte ihn nicht, denn er allein zählte für Hundert.

Aber durch Zauberei eines schrecklichen Magiers einer seiner Feinde, so dachte er anfänglich, und erst später entdeckte er den wahren Grund seiner Niederlage, war gegen jene vereinte Energie nichts zu machen, obwohl ihn weder Kraft noch Mut verließen.
Don Quijote wird später erzählen, dass er langsam fiel, dass er, nachdem der eine Arm gebrochen war, mit dem anderen weiterkämpfte, dass er erst fiel, nachdem er in der schrecklichen Schlacht mehr Leute getötet hatte, als dort überhaupt waren, und dass er trotz seiner Wunden wie ein Löwe weiterkämpfte, bis er schließlich unterlag, nicht durch die Stärke, sondern durch Magie.

Die Wahrheit jedoch ist diese: Nach dem ersten Schlag mit einem Prügel auf seinen Kopf stürzte er, von Sancho Panza begleitet, der es vorzog sich gleich fallen zu lassen, zu Boden. Als sie dann am Boden lagen, erhielten sie so viele Schläge, dass ihnen alle Knochen weh taten. Die Bauern, die normalerweise vernünftige Leute waren, bemerkten plötzlich, dass sie, von einem Wutanfall mitgerissen, übertrieben hatten und noch bevor ein Repräsentant des König hätte kommen können, um die Ordnung wieder herzustellen und die begangenen Scheußlichkeiten zu bestrafen, zogen sie es vor, abzuziehen.

Es dichtet der Dichter

Alle Tage, alle Nächte
rühm ich so des Menschen Los.
Denkt er ewig sich ins Rechte,
ist er ewig schön und groß.

Auf den ersten Blick sagen die Verse des anonymen Dichters, der sie von irgendwoher kopiert haben wird, so wie andere sie wieder von ihm kopieren werden, nicht viel, aber sie passen gut zu der Situation, in welcher Don Quijote sich jetzt befand, dort, auf dem Boden liegend, mit zerquetschten Knochen, unfähig, sich zu erheben.

Man konnte nicht verneinen, dass er eine Niederlage erlitten hatte, er spürte es in den Knochen, er fühlte es, jedes Mal, wenn er sich bewegte.

Die Dichter erzählen Dinge, die wir alle kennen, deren wir uns aber nur selten bewusst werden. Du mein lieber Leser, verbringst den halben Tag damit, deine Vergangenheit zu ändern, ein paar Dinge zu vergessen, die dir nicht gefallen, und das, was dir gefällt, herauszuheben. Das ist ein sehr gesundes Verhalten. Wenn die Ritterbücher heute verschwinden, dann liegt das auch daran, dass es zum ersten Mal eine Geschichte gibt, die wahrer ist, als die Abenteuer de Amadis de Gaula.

Es mag schon sein, dass du dümmer bist als ein Stück Brot, das gilt auch für den Besserwisser aus der Zukunft, doch du fühlst, dass diese Geschichte von dir spricht, und obwohl du lachst, spürst du, wie die Schauer durch deine Eingeweide fließen. Man könnte sogar sagen, du lachst, weil du diese Schauer fühlst.

Was konnte Don Quijote nachdem er eine solche Niederlage erlitten hatte, tun? Jemand anderes wäre nicht mehr aufgestanden, wohingegen er, dank der Kraft der Phantasie, sich wieder erheben konnte.

Wie schrecklich wäre diese Niederlage gewesen, wenn sie der Tatsache entsprochen hätte, dass sein starker Arm ihn verlassen hatte! Doch so war es nicht! Er hatte die Schlacht verloren, weil diese Ruchlosen keine fahrenden Ritter waren, was den Gesetzen der fahrenden Ritter widerspricht. Nach diesen Gesetzen darf ein fahrender Ritter nie gegen jemanden kämpfen, den er ohne Mühe besiegen kann, denn ein so einfacher Sieg hätte keinen Wert. Es war von daher richtig, dass die Zauberei diesen Ruchlosen zur Hilfe eilte. Dies beweist, wie wahr die Gesetze der fahrenden Ritterschaft sind, und dass sie genauestens befolgt werden müssen.

Es verblieb nur noch ein Problem, das man lösen musste. Da Rocinante sich in demselben physischen Zustand befand wie sein Herr, verblieb als einziges Reittier nur noch der Esel von Sancho Panza, der als einziger unversehrt aus dieser, in der Welt der fahrenden Ritter ungebührlichen Schlacht, hervorgegangen war.

Konnte ein fahrender Ritter seine Reise auf einem Esel fortsetzen? Ja, das konnte er, vorausgesetzt, es gab ein Vorbild, das zeigen würde, dass dies möglich sei. Wir haben schon gesehen, dass alles kopiert wird, die Gefühle, die Gedanken und die Fragen. Wenn es keinen festen Rahmen gäbe, würden wir uns in einem Meer von Möglichkeiten verlieren. Warum sollte man nicht auch die Handlungen kopieren?

Ja, ja, ja! Ich höre dich, mein lieber gegenwärtiger und zukünftiger Leser. -Beweise! Beweise!-, schreist du. Oh mein Leser, weißt du, warum dir keine Gedichte gefallen? Dem ist so, weil man dir alles im Format eines Küchenrezeptes erklären muss. Ich gebe dir einen Beweis. Was hat dir der Pfarrer letzten Sonntag in der Kirche erzählt? Hat er dir nicht jede Menge Vorbilder genannt, denen du folgen sollst? Vorbilder, die dich trösten sollten, Vorbilder, die dir zeigen sollten, wie du dich benehmen sollst und Vorbilder, die dir zeigen sollten, wie ein Problem zu lösen sei.
Hat man dir nie anhand der Geschichte von Jesus, der die Händler des Tempels verwies, erklären wollen, dass du auf deine Seele achtgeben sollst. Hat man dir nicht erzählt, dass sich die göttliche Liebe vermehrt, wenn sich jemand so verhält, wie Jesus im Gleichnis der der wunderbaren Vermehrung von Brot und Fisch. Versuchten sie nicht, dir mit jenem Abschnitt, wo Jesus über das Wasser wandelt und Petrus zuruft, "Wie kleingläubig! Warum zweifelst du", dir einzuschärfen, dass du stark sein sollst?

Ja, ja, ja! Das sag ich dir, Miguel de Cervantes Saavedra, Gipfel des spanischen Genies, es gibt nie eine Verrücktheit, ohne ein Vorbild.
Ja, ja, ja! Meinem zukünftigen Besserwisser, der sich ständig in die Diskussion mischt, ohne dass irgendjemand ihn etwas gefragt hätte, sage ich: In deiner Zeit wird sich Don Quijote selbst in ein Vorbild verwandeln und die Verrücktheit wird nicht mehr so verrückt sein, weil sie ein Vorbild haben wird.

Wäre Don Quijote ein Priester gewesen, dann hätte er sich auch an Jesus erinnern können, der auf einem Esel in Jerusalem einritt und wenn Jesus das konnte, dann konnte es auch ein fahrender Ritter machen.

Doch obwohl der Unterschied zwischen der den Ritterbüchern und der Bibel nur minimal ist und man sowohl das eine wie auch das andere als Quelle der Vorbilder hätte nehmen können, weiß man, dass für Don Quijote die Quelle für all seine Vorbilder die Ritterbüchern waren. Es musste also ein fahrender Ritter gefunden werden, der auf einem Esel in ein Dorf einreitet.

Hierin unterscheidet sich Don Quijote von dir, mein lieber Leser, weil seine Verrücktheit über eine scharfe Intelligenz verfügte, die für sich eine große Anzahl an Schmuckstücken sammelte, mit denen sie seine Abenteuer dekorieren konnte und eine Menge an Vorbildern, für jede x-beliebige Situation. In Windeseile hatte seine Intelligenz das exakte Vorbild gefunden, das zur Situation, in der er sich befand, passte.
Er hatte in seinen Ritterbüchern von einem gewissen Silenio gelesen, der auf einem Esel in die Stadt der hundert Türen ritt. Somit konnte er beweisen, dass ein fahrender Ritter auch auf einem Esel reiten konnte. Er setzte sich also auf den Esel seines Schildknappen, sie banden Rocinante an den Esel, der ruhig seines Weg ging, und marschierten, geführt von Sancho Panza, der die Zügel des Esels ergriffen hatte, weiter.