Capítulo décimo sexto

De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba ser castillo

Llegaron Don Quijote y Sancho Panza a la taberna que vislumbraran de lejos. El primero, sobre el burro, echado encima de éste como si de un saco de patatas se tratara; y el último, guiando dicha carga con las riendas. Preguntó el tabernero a Sancho Panza qué traía sobre su burro, a lo que Sancho Panza respondió que no era qué sino quién y que tal quién, su amo era, el valeroso caballero andante Don Quijote de la Mancha, que desgraciadamente se había caído de una peña y tenía todo el cuerpo magullado.
La taberna también servía de albergue, o mejor dicho de pensión de mala muerte, porque cuando hacía falta metían algunas camas, entiéndase planchas, en el establo.
Muy al contrario que el tabernero, como vamos a ver enseguida, la esposa de éste tenía sentimientos cristianos y acudió con su hermosa hija y la empleada que no lo era tanto, se podría decir incluso que era fea, a curar a Don Quijote y Sancho Panza. Les prepararon dos tambaleantes camas, que en otras circunstancias no se habrían llamado así, pero que eran más confortables que el lomo de un burro, y comenzaron a curar a amo y a escudero emplastándoles todo el cuerpo.

Al ver el tipo de heridas, la señora del castillo, evidentemente era una nueva fantasía de Don Quijote, le dijo que las heridas parecían más bien ser el resultado de una paliza que de la caída en un roquedal. La respuesta de Don Quijote fue sorprendente, por lo menos para nosotros que ya lo conocemos un poco. En vez de decir que estas heridas eran el resultado de la refriega habida con un caballero malvado, hijo del infierno al que él había vencido en singular batalla, lo que normalmente solía hacer, respondió que la roca tenía muchas crestas y hendiduras.

Entendemos perfectamente que Don Quijote no quisiera admitir que había recibido una paliza descomunal. Entendemos igualmente que no dijera la verdad. Lo que no entendemos, es por qué no quiso revelar que era caballero andante, lo que habría sido mucho más oportuno, encontrándose en un castillo delante de la señora del mismo.
¿Es posible que no estuviera tan loco y pudiese estar perfectamente cuerdo cuando era oportuno? Vamos a ver más adelante, en el próximo capítulo, que así parece.

Había una tercera cama en este establo, que ocupaba un arriero. Éste le había echado el ojo a la empleada de la casa, que se llamaba Maritornes; y ambos, tanto ella como el arriero, se pusieron de acuerdo para que de noche fuera a visitarlo... y no hace falta ninguna frase subordinada, para explicar el resto.
Tal circunstancia tampoco nos habría interesado mucho, porque es muy natural y nada loca, de no ser porque el desenlace fue un desastre total. Y lo fue para Don Quijote, para Sancho Panza, para Maritornes, para el arriero e incluso para el señor del castillo. Cuando ella llegó de noche, a tientas y no viendo nada, Maritornes cayó sobre la cama de don Quijote, o más bien dicho en los brazos de éste, que supo embellecer la situación con sus fantasías de caballero andante e ignorando la realidad, lo que en este caso era bastante lógico, ya que no se veía nada.

Antes de que hubiese entrado ella, el blando corazón de Don Quijote estaba ya conmovido, porque había quedado impresionado por el porte y donosura de la hija del señor del castillo que era, como hemos dicho, muy bella y no dudaba que ella lo amaba también. Por primera vez, si dejamos de lado a Marcela, una mujer real combatía en su corazón con la sin par Dulcinea del Toboso, por lo cual sintió muchos y grandes remordimientos, porque en el corazón de un caballero andante sólo había lugar para una mujer.
El segundo embellecimiento fue debido al hecho de que no se veía ni torta lo que es muy propicio para un corazón pletórico, dotado de una fantasía desbordante y que, además, tiene a su disposición un tesoro repleto de joyas con las cuales adornar sus obras.

Hemos dicho ya que todo se copia, los pensamientos, los sentimientos, las preguntas y las acciones. Así fue también esta vez.
Supongo que tú, como la mayoría, conoces hace tiempo el proverbio que dice "lo hermoso sólo se ve con el corazón" ¿no? Pues, aunque la perspectiva sea un poco distinta, es lo mismo que sucede en la obra „Sueño de una noche de verano“ de mi colega Shakespeare. Allí Titania se enamora de un burro, que no siendo para nada lo más hermoso, era de todas maneras lo que su corazón amaba.
No podemos por lo tanto decir, que las experiencias que tuvo Don Quijote con Maritornes sean del todo locuras, porque no podemos llamar locuras a aquellas cosas que tantos modelos tienen. Lo que es un poco loco es el hecho de que sus ojos no vieran nada, lo que confería mucho placer a su vivencia porque se imaginó que tenía a la bella hija del señor del castillo en la palma de la mano.
Se podría decir, a lo mejor, que nuestro Don Quijote era un poco idiota, ¡pero ten cuidado! ¿Te acuerdas de la escena de la Biblia en la cual Jacob, en la oscuridad de la noche, hizo el amor con Lía creyendo hacerlo con Raquel porque el muy socarrón de Labán quería primero un esposo para la fea Lía? Y no puedes decir que Jacob fuese un idiota, porque sin Jacobo tú ahora no serías cristiano.

Sea como fuere, de la unión de Don Quijote y Maritornes no podía salir una nueva estirpe, ni judía, ni caballeresca, ni nada, porque se interponían varios obstáculos: un primer, más teórico que real, impedimento era, que en el corazón de Don Quijote reinaba la sin par Dulcinea del Toboso; un segundo e insuperable obstáculo lo constituía un dato importante, que Don Quijote tenía el cuerpo tan quebradizo y molido que era incapaz de tales proezas, porque dichas hazañas son muy reales y aunque pueden ser más bonitas en la fantasía, sólo en la realidad se llevan a cabo con resultados concretos; y una tercera razón y la más convincente, era el puño del arriero. Éste, al verse engañado, no compuso un poema, lo que igualmente habría podido hacer y ganarse eterna fama, sino que saltó del catre y comenzó a pegar tanto a Don Quijote como a Maritornes. Esta última viéndose tratada de tal manera, se refugió en la cama de Sancho Panza, lo que hizo que éste también recibiera su alicuota parte de sopapos.
Con tanto escándalo y ruido, se despertó un miembro de la Santa Hermandad - para el lector del futuro, ésta es en mi tiempo lo que en el tuyo será la policía o así lo creo yo - que acudió para restablecer el orden, que falta hacía.
Restablecido el orden, Sancho Panza fue liberado de ese mundo incomprensible al que nos llevan los sueños, Don Quijote hizo lo que en este tipo de situaciones solía hacer y que es lo mejor que hacerse puede cuando no hay realidad alguna, o sea, se está en plena oscuridad; y lo que hizo el arriero, no queremos ni saberlo.



 

chapter sechzehn

Was dem erfindungsreichen Hidalgo in der Schenke zugestoßen ist, die er für eine Burg hielt

So erreichten Don Quijote und Sancho Panza die Schenke, die sie schon von weitem gesichtet hatten. Der erste auf dem Esel, wie ein Sack Kartoffel über dessen Rücken gelegt, während letzterer besagte Ladung an den Zügeln führte. Der Kneipenwirt fragte Sancho Panza, was er da auf seinem Esel habe, worauf Sancho antwortete, dass es kein "was" sondern ein "wer" sei, und dieser "wer" sein Herr sei, der heldenhafte fahrende Ritter Don Quijote de la Mancha, der unglücklicherweise von einem Felsen gefallen sei und am ganzen Körper Prellungen habe.

Die Kneipe diente auch als Herberge, oder besser gesagt, als Absteige. Fehlte es an Betten, dann stellte man ein paar Betten auf, besser gesagt, man legte ein paar Bretter in den Stall.

Ganz im Gegensatz zum Kneipenwirt, hatte dessen Frau, wie wir gleich sehen werden, christliche Gefühle und eilte mit ihrer schönen Tochter und dem Hausmädchen, das weniger hübsch war, man könnte auch sagen, sie war hässlich, herbei, um Don Quijote und Sancho Panza zu pflegen. Sie errichteten ihnen zwei wackelige Betten, die man unter anderen Umständen kaum so genannt hätte, die aber bequemer waren, als der Rücken eines Esels und begannen den Herrn und seinen Knappen zu pflegen, indem sie ihnen Verbände anlegten.

Als sie die Art der Verletzungen sahen, sagte das Burgfräulein, natürlich eine Phantasie Don Quijotes, zu ihm, dass ihr die Verletzungen mehr das Ergebnis einer Tracht Prügel, als des Sturzes von einem Felsen schienen. Die Antwort Don Quijotes war erstaunlich, zumindest für uns, die ihn ja bereits so gut kennen. Anstatt zu sagen, dass diese Verwundungen das Resultat eines Zwistes mit einem ruchlosen Ritter, einem Sohn der Hölle seien, den er in einer einzigartigen Schlacht vernichtet habe, so etwas in der Art pflegte er ja normalerweise zu sagen, antwortete er, dass der Felsen viele Spitzen und Spalten gehabt habe.

Wir verstehen, dass Don Quijote nicht zugeben wollte, dass er eine gewaltige Tracht Prügel bezogen hatte. Wir verstehen auch, dass er nicht die Wahrheit sagen wollte. Was wir nicht verstehen, ist, warum er nicht sagen wollte, dass er ein fahrender Ritter sei, was ja viel passender gewesen wäre, wo er sich doch in einer Burg befand und das Burgfräulein vor ihm stand.

Ist es möglich, dass er doch nicht so verrückt war und auch vernünftig sein konnte, wenn dies günstiger schien? Wir werden im nächsten chapter sehen, dass dies tatsächlich der Fall zu sein scheint.

Es gab noch ein drittes Bett in diesem Stall, das ein Maultiertreiber besetzte. Dieser hatte ein Auge auf das Hausmädchen geworfen, das Maritornes hieß und beide, sie wie der Maultiertreiber, waren übereingekommen, dass sie diese Nacht zu ihm kommen würde... Es bedarf keines Nebensatzes, um den Rest zu erklären.

Dieser Umstand würde uns nicht interessieren, denn er ist sehr natürlich und in keinster Weise verrückt, wenn nicht der Ausgang dieses Ereignisses, für Don Quijote, Sancho Panza, für Maritornes, den Maultiertreiber und sogar für den Burgherrn schrecklich gewesen wäre. Als die Nacht angebrochen war, fiel Maritornes, tastend und ohne etwas zu sehen, auf das Bett von Don Quijote, oder besser gesagt, in dessen Arme, der die Situation mit seinen ritterlichen Phantasien sofort zu verschönern wusste und die Realität ignorierte, was ja in diesem Falle auch logisch war, denn man sah nichts.

Das Herz Don Quijotes war aber schon vor ihrem Eintreten gerührt, denn er war vom Betragen und von der Anmut der Tochter des Burgherrn beeindruckt, die, wie wir bereits sagten, sehr schön war und er zweifelte auch nicht daran, dass sie ihn ebenfalls liebte. Zum ersten Mal, wenn wir mal Marcela unberücksichtigt lassen, kämpfte in seinem Herzen eine wirkliche Frau mit der unvergleichlichen Dulcinea del Toboso, was ihm Gewissensbisse machte, denn im Herzen eines fahrenden Ritters ist nur Platz für eine Frau.

Die zweite Verschönerung war der Tatsache geschuldet, dass man absolut nichts sah, was sich sehr günstig auf ein gesundes Herz, welches vor Phantasie nur so sprüht und dem eine Schatzkammer an Schmuckstücken zur Verfügung steht, mit dem es seine Werke verzieren kann, sehr günstig ist.

Wir haben bereits gesagt, dass alles kopiert wird, die Gedanken, die Gefühle, die Fragen und die Handlungen. So war es auch hier.

Ich nehme an, dass dir, wie den meisten, das Sprichwort, welches besagt, dass man nur mit dem Herzen gut sehe, geläufig ist. Diesen Sachverhalt finden wir auch in dem Werk meines Kollegen William Shakespeare "Ein Sommernachtstraum". Dort verliebt sich Titania in einen Esel, der zwar absolut nicht das Schönste ist, aber auf jeden Fall das, was ihr Herz liebte.

Wir können also nicht sagen, dass das, was unserem Don Quijote mit Maritornes zustieß, eine Verrücktheit ist, denn wir können kaum von einer Verrücktheit sprechen, wenn es so viele Vorbilder gibt. Was ein bisschen verrückt ist, ist die Tatsache, dass seine Augen schlicht gar nichts sahen, was der ganzen Angelegenheit einen besonderen Charme verlieh, weil er glaubte, er halte die schöne Tochter des Burgherrn in den Händen.

Man könnte höchstens sagen, dass unser Don Quijote ein bisschen schwachsinnig ist, aber Vorsicht! Erinnerst du dich an die Szene in der Bibel, wo Jakob in der Dunkelheit der Nacht mit Lea schläft anstatt mit Rahel, weil der gewitzte Laban wollte, dass zuerst die hässliche Lea verheiratet werde? Und du wirst wohl kaum behaupten, dass Jakob ein Idiot war, denn ohne Jakob wärst du jetzt kein Christ.

Sei dem nun wie dem sei, aus der Verbindung von Don Quijote und Maritornes konnte keine neue Sippe hervorgehen, weder eine jüdische, noch eine christliche, noch eine ritterliche, noch sonst irgendeine, weil sich dem drei Tatbestände entgegensetzten: Der erste, dieser eher theoretisch als real, war der Tatbestand, dass im Herzen von Don Quijote ja bereits die unvergleichliche Dulcinea del Toboso herrschte. Der zweite, dieses Hindernis war unüberwindbar, war der Tatbestand, dass der Körper Don Quijotes so gemartert und geschunden war, dass er zu solchen Heldentaten gänzlich unfähig war, denn solche Heldentaten sind höchst real, und auch wenn sie in der Phantasie schöner sind, führen sie nur in der Realität zu konkreten Ergebnissen. Der dritte Tatbestand ist aber der, der den Ausschlag gab, und das war die Faust des Maultiertreibers. Als dieser sah, wie er betrogen wurde, verfasste er nicht etwa ein Gedicht, was er ebenfalls hätte tun und so ewigen Ruhm erwerben können, sondern er sprang aus dem Bett und begann mit aller Kraft, auf Don Quijote und Maritornes einzuschlagen. Als letztere spürte, wie sie behandelt wurde, flüchtete sie sich in das Bett von Sancho Panza, was dann dazu führte, dass auch dieser seinen Anteil abbekam.

Durch den ganzen Lärm erwachte ein Mitglied der Santa Hermandad, für unseren Leser aus der Zukunft, das ist in meiner Zeit, was in deiner die Polizei oder so, glaube ich, sein wird, das herbeieilte und für Ordnung sorgte, was auch dringend nötig war.

Nachdem die Ordnung wieder hergestellt und Sancho Panza aus der unverständlichen Welt, in die uns die Träume führen, befreit war, tat Don Quijote das, was er in solchen Situationen zu tun pflegte und was man umso besser tun kann, je weniger Realität es gibt, also bei vollkommener Dunkelheit. Was der Maultiertreiber tat, wollen wir gar nicht wissen.