Capítulo décimo séptimo

Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo Don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal, pensó que era castillo y donde aprendemos que las locuras son hermosas, pero no cuando se trata del dinero y otras cosas

Hemos ya visto en el capítulo anterior que de vez en cuando Don Quijote no insistía en ser caballero andante. Por tal motivo podría creer alguno, que sustituyó la paliza poca honesta por la caída de un peñasco, porque no se le ocurrió una historia típica de los libros de caballería, sin embargo es completamente absurdo pensar eso, dado que a Sancho Panza sí que le explicó sin tapujos el porqué de su derrota: los campesinos no eran caballeros andantes y atacarlos infringía las nobles leyes de la caballería; así que, sencillamente, fue castigado.

Como máximo podría creerse que suponía que la señora del castillo y su hija no estaban al tanto de todas las leyes de caballería y que para ponerlas al día habría debido explicar mucho. Es una hipótesis o posibilidad poco verosímil, porque ya sabemos que Don Quijote rara vez toma en consideración la ignorancia de los otros. Quizá lo lleguemos a entender mejor a través de los hechos que se cuentan en este capítulo.

Es digno de subrayar también que el concienzudo historiador Cide Hamate Benengeli, sobre cuyos estudios nosotros nos apoyamos por parecer éstos más seguros que lo que se cuenta en las tabernas, subraya y enfatiza el diálogo entre Don Quijote y el tabernero. En esta ocasión, nos lo transcribe literalmente; o sea, no refiriendo someramente el contenido, sino palabra por palabra. El diálogo fue éste:
Don Quijote:
Muchas y muy grandes son las mercedes, señor alcaide, que en este vuestro castillo he recibido, y quedo obligadísimo a agradecéroslas todos los días de mi vida. Si os las puedo pagar en haceros vengado de algún soberbio que os haya fecho algún agravio, sabed que mi oficio no es otro sino valer a los que poco pueden, y vengar a los que reciben tuertos, y castigar alevosías. Recorred vuestra memoria, y si halláis alguna cosa deste jaez que encomendarme, no hay sino decilla; que yo os prometo, por la orden de caballero que recibí, de faceros satisfecho y pagado a toda vuestra voluntad.

Tabernero:
Señor caballero, yo no tengo necesidad de que vuestra merced me vengue ningún agravio, porque yo sé tomar la venganza que me parece, cuando se me hacen. Sólo he menester que vuestra merced me pague el gasto que esta noche ha hecho en la venta, así de la paja y cebada de sus dos bestias, como de la cena y camas.

Don Quijote:
Luego, ¿venta es ésta?

Tabernero:
Y muy honrada -respondió el ventero.

Don Quijote:
Engañado he vivido hasta aquí, que en verdad que pensé que era castillo, y no malo; pero, pues es ansí que no es castillo sino venta, lo que se podrá hacer por agora es que perdonéis por la paga, que yo no puedo contravenir a la orden de los caballeros andantes, de los cuales sé cierto, sin que hasta ahora haya leído cosa en contrario, que jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuviesen, porque se les debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere, en pago del insufrible trabajo que padecen buscando las aventuras de noche y de día, en invierno y en verano, a pie y a caballo, con sed y con hambre, con calor y con frío, sujetos a todas las inclemencias del cielo y a todos los incómodos de la tierra.

Tabernero:
Poco tengo yo que ver en eso -respondió el ventero-; págueseme lo que se me debe, y dejémonos de cuentos ni de caballerías, que yo no tengo cuenta con otra cosa que con cobrar mí hacienda.

 

Don Quijote: -
Vos sois un sandio y mal hostalero.

Y así terminó la cosa. Don Quijote se fue y no pagó.
Tú vendrás ahora, mi querido lector, con las mismas tonterías de siempre. Que no se puede saber si éstas fueron realmente las palabras entre Don Quijote y el tabernero, que a lo mejor alguien se inventó este diálogo,... y todas esas monsergas tan propias de ti. ¿Estás sordo o ciego? ¿No entiendes castellano? ¿Acaso hoy en día se dice “fecho” en vez de hecho, deste en vez de de éste o decilla en vez de decirla? ¿No te das cuenta, animal de bellota, de que el lenguaje es rarísimo? ¿Y crees que un historiador árabe puede escribir un diálogo en un lenguaje tan raro?

Si Cide Hamate Benengeli se hubiera inventado este dialogo, y el mero pensarlo es ya agravio contra su honor, que no deshonra a él sino a ti, más que necio, lo hubiese hecho en un castellano culto y esmerado, siguiendo los ejemplos que la Real Academia Española, que cuida nuestra lengua, la limpia y le da esplendor, nos ofrece en tanta abundancia. No lo habría escrito en un estilo tan chapado a la antigua, porque no es solamente difícil hacerlo, sino además, inútil.

Pero también hay otra razón por la cual no cabe duda ninguna de que este diálogo es auténtico. Este diálogo nos hace comprender por qué Don Quijote, en ocasiones, prefiere distanciarse de su mundo caballeresco. Cide Hamate Benengeli se percató de ello y entendió la importancia de este diálogo, todo lo contrario de ti, ignorante al cuadrado, que lo habrías tomado por un producto de la fantasía sin darte cuenta de cuánta verdad encierran las palabras dichas. En esto difieres de la gente seria que ha aprendido a distinguir entre lo importante y lo efímero; de los que saben muy bien que únicamente el estudio continuo y el esfuerzo, y no las borracheras en las tabernas, nos desvelan lo esencial de lo accesorio.

Burro eres, y si quieres morir como tal, continúa así. Pero si quieres convertirte en algo que se asemeje a un ser humano, cambia tu vida.

Analicemos el diálogo, para que aprendas algo.

Al principio, Don Quijote ofrece su fuerte brazo al tabernero prometiéndole enderezar cualquier entuerto que hubiese sufrido en su vida. La intención en sí misma, es muy buena y sobre todo cuesta poco. Dice el refrán: más vale pájaro en mano que ciento volando. No obstante y contrariamente a Sancho, que no tenía ningún pájaro en la mano y prefería por lo tanto cientos de pájaros volando, este tabernero tenía un pájaro en la mano y no confiaba en los pájaros caballerescos, porque esto de creer en islas que se pueden conquistar, es cosa de gente que no tiene nada que perder, que no era el caso del tabernero, quien a pesar de haber invertido tanto dinero en la cama que había ofrecido a Don Quijote y a su escudero como Don Quijote pensaba invertir en los servicios que ofrecía al tabernero, estaba muy convencido de que una cosa era fantasía y la otra muy real que se debía pagar con moneda real; y por eso, le dijo francamente a Don Quijote que no le hacían falta sus servicios y que prefería que sustituyera estos servicios por algo más rentable.

No sabemos exactamente lo que pensó Don Quijote. De todas maneras parece que pensaba que aquellos servicios que sólo se habían ofrecido en la ficción también merecían un pago existente únicamente en la imaginación. Así la cosa sería ecuánime. Mas el tabernero pretendía que se le pagaran con moneda real, los servicios recibidos en una alucinación y esto no estaba para nada equilibrado.

Si se pone la realidad en un lado de la balanza, hay que hacer lo mismo en el otro. Cualquier otra cosa era una tontería y por lo tanto tenía mucha razón Don Quijote cuando le dijo al tabernero que era un sandio, porque dos catres y una mano de paja no era precisamente lo que podía llamarse albergue. Si el uno bajó a la realidad, el otro tenía que hacerlo también y así lo hizo Don Quijote, comportamiento nada loco, sino todo lo contario, bien, bien cuerdo.
Ésta sería una manera de justificar el comportamiento de Don Quijote. ¿Pero podemos estar seguros de que es esto lo que había pasado?

Si hablamos "de lo que había pasado" no dudamos (si uso la primera persona plural, nosotros dudamos, hablo de mí y los míos, a ti no te incluyo porque eres un burro), que Cide Hamate Benengeli nos cuenta todo tal como lo hubo visto y oído. ¿Pero cómo se puede decir que lo que se ve y oye son los hechos, lo que realmente cuenta, si éstos son el mero resultado de lo que no se ve ni se oye? ¿Entiendes ahora lo que significa "lo que había pasado"? ¿Cuán difícil es saber "lo que había pasado"?

La razón que hemos dado arriba sólo es válida, si Don Quijote no se hubiera dado cuenta de que lo que se le ofrecía como cama, no era otra cosa que dos planchas y un poco de paja y que igualmente habría podido dormir en el suelo. ¿Pero se había dado cuenta de ello? ¿No había pensado él que estaba en un castillo y que la cama era digna de un rey?
Sí así era, la balanza estaba equilibrada al quitar de un lado la fantasía caballeresca y desequilibrada, cuando todavía estaba allí. En este caso simplemente no quiso pagar y punto.

¿Pero quién quiere pagar y quién no cree que siempre haya una razón para no pagar o que alguien le deba algo?

¿Está equilibrada la balanza si la iglesia quiere el diez por ciento de lo que gana el campesino por un servicio que no existe más que en la fantasía de los que lo ofrecen?
¿Está equilibrada la balanza si se esclaviza a los indios para darles en contrapartida la fe cristiana? Trabajo valioso y arduo a un lado de la balanza, redención y paraíso incierto en la otra.

Ingenuo, generoso y desinteresado, así conocemos a Don Quijote de la Mancha. ¿Pero cómo saber "lo que había ocurrido", cuando sólo conocemos el resultado de algo y no sabemos qué es ese algo?

¿No soñaba él también con islas que quería conquistar para subyugar a sus habitantes, mientras dudaba que un caballero andante tuviera derecho a hacer algo así? ¿No podría ser que tratase de justificar sus pocas ganas de pagar lo que debía al tabernero, como todos aquellos duques, marqueses o condes justificaron y justifican sus pocas ganas de trabajar con locuras tan locas como las tuyas?

Sea como fuere, no pagó y se fue.

Al ver el tabernero que Don Quijote no quería pagar, se dirigió a su escudero que para él no era otra cosa que un compañero de Don Quijote. La respuesta que dio Sancho Panza a lo mejor nos permite saber con más seguridad "lo que había pasado". Hemos visto ya que es bastante verosímil que un Sancho Panza siga a un Don Quijote, porque esto ya había ocurrido muchas veces en el pasado, ocurre hoy día y ocurrirá en el futuro. Lo digo por si nuestro lector del futuro sigue todavía por aquí porque quiere aprender algo.

Incluso hemos podido dar un par de razones para ello, aunque está claro que ni el científico más pertinaz, meticuloso e inteligente podrá desentrañar la verdad de lo que vemos y oímos.

Pero consta que Sancho Panza estaba más dispuesto a aceptar las reglas de la caballería andante cuando le convenía y en este caso le convenía y mucho, porque la reglas de la caballería andante prohibían que el caballero andante pagara por los servicios que se le habían rendido y así se lo dijo al tabernero.

No le era permitido pagar, porque él era escudero de un caballero andante y si a éste no le era permitido pagar, para él estaba igualmente prohibido.

¡Ay lector mío, Sancho Panza mío! Cuán fácil es convencerte de lo que te conviene y cuán difícil es convencerte de aquello que no te conviene.

Mas esta vez Sancho Panza tuvo que pagar por sus convicciones, lo que no le servirá como lección para el futuro.

Había en ese momento en la taberna mucha gente con ganas de divertirse y al oír lo que decía Sancho Panza, lo bajaron de su asno y lo pusieron sobre una manta y lo mantearon con brío para que volara por los aires; y si no se les hubiesen agotado las fuerzas, lo habrían estado manteando eternamente, pues les encantaba verlo volar y caer, volar y caer. Cuando finalmente se cansaron, lo pusieron de nuevo sobre su asno y lo dejaron partir.

Y así se terminó esta historia en la taberna que para Don Quijote, al menos cuando le convenía, era un castillo.

 

chapter siebzehn

Wo von den vielen Ereignissen erzählt wird, die der tapfere Don Quijote und sein Knappe Sancho Panza in der Schenke, die sie zu ihrem Unglück für eine Burg hielten, erlebten und wo wir lernen, dass die Verrücktheiten schön sind, doch nicht, wenn es sich um Geld und andere Dinge handelt

Wir haben im vorigen chapter gesehen, dass Don Quijote manchmal nicht darauf beharrte, ein fahrender Ritter zu sein. Manch einer könnte nun glauben, dass er die Tracht Prügel durch den Fall von einem Felsen ersetzt hat, weil ihm keine Stelle in seinen Ritterbüchern einfiel, die gepasst hätte, was zu denken ja offensichtlich Unsinn wäre, weil er ja Sancho Panza ohne Umschweife eine Erklärung für seine Niederlage gegeben hatte: Die Bauern waren keine fahrenden Ritter und es verletzte folglich die Regeln der fahrenden Ritterschaft, diese anzugreifen, weswegen er dann bestraft wurde.

Man könnte höchsten noch glauben, dass das Burgfräulein und ihre Tochter über die Regeln der fahrenden Ritterschaft nicht im Bilde waren und er viel hätte erklären müssen. Auch dies ist eine wenig wahrscheinliche Hypothese oder Annahme, denn wir wissen ja, dass Don Quijote nur selten auf die Unwissenheit der anderen Rücksicht nahm. Vielleicht erlauben es uns die Ereignisse dieses chapter s, alles besser zu verstehen.

Es muss erwähnt werden, dass der gewissenhafte Historiker Cide Hamete Benengeli, auf dessen Studien wir uns stützen, da diese uns sicherer scheinen, als das, was in den Kneipen erzählt wird, sein besonderes Augenmerk auf den Dialog zwischen Don Quijote und dem Kneipenwirt legt. In diesem Fall gibt er ihn wörtlich, das heißt nicht nur zusammenfassend, sondern Wort für Wort wieder. Dies ist der Dialog:

Don Quijote
„Viele und große Dienste habe ich, Herr Burgvogt, in dieser eurer Burg erhalten, so dass ich euch bis ans Ende meiner Tage sehr zu Dank verpflichtet bin. Wenn ich euch dies zurückzahlen kann, indem ich ein Unrecht räche, das irgendeine Beleidigung Ihnen angetan hat, so wisst, dass meine Berufung in nichts anderem besteht, als denen zu helfen, die sich kaum selber helfen können. Wenn ihr also etwas von dieser Art mir aufzutragen habt, so reicht es, es mir zu sagen und ich schwöre euch, beim Orden der Ritterschaft, der ich angehöre, dass Ihr ganz nach eurem Willen gesühnt und bezahlt werdet.“

Kneipenwirt
„Herr Ritter, ich habe kein Verlangen, dass eure Hoheit irgendeine Beleidigung, die mir angetan wird, für mich rächt, denn ich kann die Rache, die mir passend erscheint, selber vollstrecken. Das Einzige, dessen ich bedarf, ist dass eure Hoheit mir die Ausgaben bezahlt, die Sie diese Nacht in der Schenke verursacht haben, also das Stroh und das Futter für Ihre Tiere, wie auch das Abendessen und die Betten.“

Don Quijote
„Dies ist also eine Kneipe?“

Kneipenwirt
„Und eine ehrenvolle,“ antwortete der Kneipenwirt.

Don Quijote
„Dann war ich bis jetzt im Irrtum befangen, denn ich dachte es wäre eine Burg, und keine schlechte. Wenn es nun aber keine Burg ist, sondern eine Kneipe, dann müsst ihr mir, was die Bezahlung angeht, verzeihen, aber ich kann den Regeln der fahrenden Ritter nicht zuwiderhandeln, von denen ich mit Sicherheit weiß, ohne dass ich bislang etwas Gegenteiliges gelesen hätte, dass sie bisher nie für Unterkunft oder Sonstiges in der Schenke, wo sie waren, bezahlt haben, weil man ihnen von alters her schuldet, dass man als Gegenleistung für die mühsamen Arbeiten, die sie durch ihre ständige Suche nach Abenteuern, bei Tag und Nacht, im Winter und im Sommer, zu Fuß und auf dem Pferd, ob sie dürsten oder hungern, ausgesetzt allem Unbill des Himmels und allen Widrigkeiten der Erde, leisten, beherbergt.“

Kneipenwirt
„Damit habe ich nur wenig zu tun“, antwortete der Kneipenwirt. „Zahlen Sie mir, was Sie mir schulden und lassen wir die Ritterschaft aus dem Spiel, denn mich interessiert allein, dass ich meine Kosten decke.“

Don Quijote
„Du bist ein Dummkopf und ein schlechter Gastgeber.“

Damit war die Angelegenheit beendet. Don Quijote ging und zahlte nicht.
Du kommst mir jetzt wieder mit demselben Blödsinn wie immer. Dass man nicht wissen könne, ob dies tatsächlich die Worte Don Quijotes und des Kneipenwirtes waren, und dass es auch möglich ist, dass sich irgendjemand diesen Dialog ausgedacht hat,...und dem ganzen anderen Blödsinn, der so typisch für dich ist. Bist du blind? Sprichst du kein Spanisch? Möglicherweise sagt man heute „Gehabe“ statt Tat, „von dies“ statt von diesem oder „ihr sag“ statt ihr sagen. Merkst du nicht, Strohkopf, dass die Sprache höchst merkwürdig ist. Glaubst du, dass sich ein arabischer Historiker ein Dialog in einer so komischen Sprache hätte ausdenken können?

Wenn Cide Hamete Benengeli sich diesen Dialog ausgedacht hätte, schon allein daran denken ist eine Beleidigung, nicht für ihn, sondern für dich, blöder als blöd wie du bist, dann hätte er es in einem gebildeten und polierten Spanisch getan, den Beispielen der Königlich Spanischen Akademie folgend, die auf unsere Sprache achtet, sie säubert und ihr Glanz verleiht und solche Beispiele in so großer Zahl liefert. Er hätte ihn nicht geschrieben in einem Spanisch, das so altmodisch klingt, denn das ist nicht nur schwierig nachzuahmen, sondern obendrein unnötig.

Doch es gibt noch einen anderen Grund, der uns vermuten lässt, dass dieser Dialog authentisch ist. Dieser Dialog zeigt, warum Don Quijote es von Zeit zu Zeit vorzog, sich von seinem Rittertum zu distanzieren. Dies hat Cide Hamete Benengeli bemerkt. Er hat die Bedeutung dieses Dialoges, ganz im Gegensatz zu dir, Volltrottel, der ihn für ein reines Produkt der Phantasie angesehen hätte, ohne zu bemerken, wie viel Wahrheit in diesen Worten steckt. Hierin unterscheidest du dich von den ernsthaften Leuten, die gelernt haben, zwischen dem Bedeutenden und dem Unbedeutenden zu unterscheiden. Von denen, die wissen, dass nur das nie erlahmende Forschen und die Anstrengung und nicht das Besäufnis in der Kneipe, das Wesentliche im Zufälligen offenbaren.

Du bist ein Esel und wenn du als Esel sterben willst, dann mach weiter so. Doch wenn du dich zu etwas entwickeln willst, was einem menschlichen Wesen gleicht, dann ändere dein Leben.

Wir werden den Dialog nun analysieren, damit du etwas lernst.

Zu Beginn bietet Don Quijote dem Kneipenwirt seinen starken Arm an und verspricht ihm, jedes Unrecht zu rächen, dass diesem jemals angetan worden ist. Die Absicht an sich ist lobenswert und kostet vor allem nichts. Das Sprichwort sagt nun, besser ein Spatz in der Hand, als eine Taube auf dem Dach. Ganz im Gegensatz zu Sancho Panza jedoch, der keinen Spatz in der Hand hatte und deshalb die Tauben auf dem Dach vorzog, hatte dieser Kneipenwirt einen Spatz in der Hand und misstraute folglich den ritterlichen Vögeln, denn an Inseln zu glauben, die man erobern kann, ist eher etwas für Leute, die nichts zu verlieren haben, was ja auf den Kneipenwirt nicht zutrifft, der, obwohl er soviel Geld in das Bett investiert hatte, das er Don Quijote anbot, wie Don Quijote in die Dienste zu investieren gedachte, die er dem Kneipenwirt anbot, davon überzeugt war, dass es sich einmal um reine Phantasie handelte, das andere Mal aber um etwas Reales, das man mit richtigem Geld bezahlen musste, weshalb er zu Don Quijote sagte, dass er seiner Dienste nicht bedürfe und er diese durch etwas Realeres ersetzen möge.

Wir wissen nicht genau, was Don Quijote dachte. Auf jeden Fall scheint es so, dass er dachte, dass man Dienste, die nur fiktiv geleistet worden waren, auch mit einer Währung zu bezahlen seien, die nur in der Vorstellung besteht. Dann wäre die Sache ausgeglichen. Der Kneipenwirt jedoch bestand darauf, dass man mit richtigem Geld, die im Wahn geleisteten Dienste bezahle und das war überhaupt nicht ausgeglichen.

Legt man die Realität auf die eine Seite der Waage, dann muss man das auch auf der anderen Seite tun. Alles andere wäre eine Dummheit und deswegen war es vollkommen richtig von Don Quijote, den Kneipenwirt einen Dummkopf zu schimpfen, denn zwei Pritschen mit einer Handvoll Stroh sind nicht das, was man eine Herberge nennen kann. Wenn der eine zur Realität hinabsteigt, dann musste es auch der andere tun. Dieses Verhalten ist überhaupt nicht verrückt, ganz im Gegenteil, das ist höchst vernünftig.

Dies wäre eine Möglichkeit, das Verhalten Don Quijotes zu rechtfertigen. Doch können wir sicher sein, dass es das ist, was tatsächlich passiert ist.

Wenn wir sagen "was tatsächlich passiert ist", dann zweifeln wir (wenn ich wir sage, spreche ich von mir im Plural, du bist nicht eingeschlossen), dass Cide Hamete Benengali uns das erzählt, was er gesehen oder gehört hat. Doch wie kann man sagen, dass das, was man hört oder sieht, das was wirklich zählt, wenn dies nur das Resultat von Gedanken ist, von denen man nichts sieht und hört? Verstehst du, was dieses "was tatsächlich passiert ist" bedeutet? Wie schwierig es ist, in Erfahrung zu bringen "was tatsächlich passiert" ist?

Das Motiv, das wir oben schilderten, ist nur gültig, wenn Don Quijote nicht bemerkt hat, dass das, was man ihm als Bett anbot, nichts anderes war, als zwei Bretter und ein bisschen Stroh, und dass er genau so gut hätte auf dem Boden schlafen können. Doch hatte er es bemerkt? Hatte er nicht geglaubt, er befände sich in einer Burg und das Bett wäre eines Königs würdig?

Wenn dem so war, dann war die Waage ausgeglichen, wenn man die ritterliche Phantasie von der einen Waagschale nahm und unausgeglichen, solange sich diese noch dort befand. In diesem Falle wollte er schlicht nicht bezahlen und Punkt. Doch wer will schon bezahlen und wer glaubt nicht, dass es immer einen Grund gäbe, um nicht zu bezahlen, oder dass irgendjemand einem etwas schulde? Ist die Waage ausgeglichen, wenn die Kirche zehn Prozent von dem nimmt, was der Bauer erwirtschaftet, für eine Leistung, die nur in der Phantasie derer existiert, die sie anbieten? Ist sie ausgeglichen, wenn man die Indianer versklavt und man ihnen als Gegenleistung den christlichen Glauben gibt? Nutzbringende und mühsame Arbeit auf der einen Seite der Waage und ein unsicheres Paradies auf der anderen.

Unschuldig, großzügig und uneigennützig, so kennen wir Don Quijote de la Mancha. Doch wie soll man wissen "was wirklich passiert ist", wenn wir nur das Ergenis von etwas kennen, und wir nicht wissen, was dieses Etwas ist? Träumte nicht auch er von Inseln, die er erobern wollte, um ihre Bewohner zu unterwerfen, während er daran zweifelte, dass es einem fahrenden Ritter erlaubt sei, dies zu tun? Kann es nicht sein, dass er seine Unlust zu bezahlen, was er dem Kneipenwirt schuldete, zu rechtfertigen suchte, wie all' die Grafen, Barone und Herzöge ihre Unlust zu Arbeiten mit Verrücktheiten rechtfertigten und rechtfertigen, die den seinen ähneln?

Sei dem wie dem sei, er zahlte nicht und ging.

Als der Kneipenwirt sah, dass Don Quijote nicht bezahlen wollte, wandte er sich an seinen Knappen, der für ihn lediglich ein Kumpel von Don Quijote war. Die Antwort, die Sancho Panza gab, erlaubt es uns eher in Erfahrung zu bringen, "was wirklich passiert ist". Wir haben schon gesehen, dass es sehr wahrscheinlich ist, dass ein Sancho Panza einem Don Quijote folgt, denn so etwas haben wir in der Geschichte schon oft gesehen, das passiert heute und es wird in der Zukunft geschehen. Ich sage das, für unseren zukünftigen Leser, der immer noch hier herumrennt, weil er etwas lernen will.

Wir haben hierfür sogar einige Gründe anführen können, obwohl klar ist, dass nicht einmal der scharfsinnigste, sorgfältigste und intelligenteste Wissenschaftler die Wahrheit dessen, was wir sehen und hören, wird entwirren können. Fest jedoch steht, dass Sancho Panza eher geneigt war, die Regeln der fahrenden Ritterschaft zu akzeptieren, wenn es für ihn günstig war und in diesem Fall war es sehr günstig für ihn, denn die Regeln der fahrenden Ritterschaft untersagten, dass ein fahrender Ritter, für Dienste, die er in Anspruch genommen hatte, bezahle und das teilte er dem Kneipenwirt mit. Er war ihm nicht gestattet zu bezahlen, weil er ja der Schildknappe des fahrenden Ritters war und wenn dieser nicht bezahlen durfte, dann war es auch für ihn verboten.

Oh mein Leser, mein Sancho Panza! Wie leicht ist es, dich von dem zu überzeugen, was günstig für dich ist und wie schwierig dich von dem zu überzeugen, was nicht günstig für dich ist. Doch dieses Mal musste Sancho Panza für seine Überzeugungen bezahlen, was ihm allerdings keine Lehre für die Zukunft sein wird.

Zu diesem Zeitpunkt befanden sich viele Leute in der Kneipe, die Lust hatten, sich zu amüsieren. Als diese hörten, was Sancho Panza sagte, holten sie ihn von seinem Esel und warfen ihn auf eine Decke und schleuderten ihn kraftvoll in die Luft, damit er durch die Luft fliege. Wenn ihnen die Kräfte nicht ausgegangen wären, dann hätten sie ewig weitergemacht, denn es entzückte sie, ihn fliegen und fallen, fliegen und fallen zu sehen. Als sie schließlich müde waren, setzten sie ihn wieder auf seinen Esel und ließen ihn gehen.

Und so endet die Geschichte in der Kneipe, die für Don Quijote, zumindest dann, wenn dies ihm zusagte, eine Burg war.