Capítulo décimo noveno

De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos y donde aprendemos que la religión caballeresca es un don de Dios

La religión caballeresca

En esto te distingues tú de la bestia,
que tú tienes locura, ella nada.
Dicen que al barro Dios dio aliento
y dicen que ese aliento se llama alma;
pero nosotros, mirando nuestro pecho
mejor lo sabemos, el aliento era locura.
Semilla fue este don al principio
y con ella te sentiste el centro del mundo.
La sonrisa de esta chica tan guapa,
en ti pensaba cuando sonreía;
y cuando ella, por casualidad, estaba a tu lado
para ti era signo de dulce esperanza.
Tanto te gustaba este don divino
que dejaste crecer este sueño hermoso.
Lo que no quieres ver, esta locura disfraza
y lo que quieres ver, esta locura lo embellece.
Esta locura es fuerte armadura
y esta locura, cual mágico espejo,
en tan fértil tierra fue sembrada,
que árbol fuerte salió de esa semilla.
Y le crecieron muchas religiones como ramas,
una tan loca, como hermosa la otra
y todos pusieron al Hombre, a ti, en el centro.
Tan al lado tienes a Dios ahora, como antes a la chica.
Razón habría ahora para cualquier desgracia.
¡Cuán dulce era el castigo, de la mano que te amaba!
y razón para castigarte, siempre había
porque hace muchos años una mujer comió una manzana.
Cuando la vida te pegó duro, tu religión fue consuelo
más cuando te iba bien, la dejabas a un lado.
Te servía la religión para consolarte de tus desgracias
y para comprobar que las desgracias que infligías eran bien merecidas.
Dio esplendor a tu vida cuando estabas arriba
y consuelo profundo cuando estabas abajo.
El primer caballero andante fue Jesucristo,
pero después, ha habido miles de otros.

Sancho Panza había aprendido que mal asunto para él era éste de no creer en las leyes de la caballería andante porque, a diferencia de aquélla, la realidad suele ser injusta. Además de no dar ningún consuelo a las desgracias, comprobó, que su amo soportaba mucho mejor los quebrantos y miserias porque siempre podía recurrir a algo de lo que en sus libros de caballería había aprendido, mientras él estaba desnudo y sin armadura frente a la cruda realidad; y cuando ésta lo tiró por tierra, no hubo manera de levantar primero el espíritu y después el cuerpo.

No era por lo tanto de extrañar que aprendiese con tanta rapidez, teniendo delante de sus ojos el ejemplo de su amo, cuyo espíritu no era esclavo del cuerpo y, por tanto, podía deshacerse de él cuando hacía falta.


Una gran ayuda es para nosotros el estudio riguroso de Cide Hamate Benengeli, porque éste prestó especial atención a los diálogos, sabiendo que los diálogos, emanación directa de la esencia de los hechos, son más reveladores que los hechos que no comprendemos cuando no conocemos la esencia que los engendró.

Por los diálogos que nos ha transmitido comprendemos también que él tenía una teoría, porque no nos transmitió todos los diálogos, no nos transmitió diálogos irrelevantes o sea diálogos que no son reveladores como lo son, por ejemplo, los diálogos sobre el tiempo u otras cosas cotidianas. Tenía una teoría e hizo especial hincapié en todos aquellos diálogos que podían contribuir a corroborarla.

Para los pocos lectores eruditos que tengo, porque en general mis lectores son unos burros, digo, que yo sé que esta manera de proceder no satisfacerá a los eruditos más versados en cualquier disciplina de las Ciencias o las Letras, pues no sabemos si también hubo diálogos que hubiesen puesto en entredicho su hipótesis y que por lo tanto, haya omitido todo lo que no concordaba con su punto de vista, como suelen hacer, por lo general, todos aquellos historiadores infames del rey que denigran la ciencia, sustituyendo la verdad por el oro.

La objeción no es del todo absurda, mis estimados colegas, todo lo contrario. Y estoy conforme con que un científico honesto, debe tomar en consideración cualquier objeción, incluso tiene que mencionarla antes de que sea alegada por otro. Cualquier otra forma de proceder no es honesta y no es trabajo de un hombre serio sino más bien de esos chiquillos que quieren mirar con su chica una puesta de sol, con el corazón tan derretido como su sesera.

Pero informo a mis colegas ilustres y serios, que Cide Hamate Benengeli no fue pagado por este trabajo y que ni siquiera hizo este trabajo por orden de alguien. Qué razón podía tener él para dejar de lado lo que no le gustaba y alegar lo que le convenía. ¿Que lo hizo inconscientemente? - Sí, sí, sí, argumentó fuerte éste -. Pero mis muy estimados y honrados colegas, ¿creéis vosotros que un erudito del calibre de Cide Hamate Benengeli, pudo caer en trampas tan simples? ¿No creéis que él, a igual que vosotros, había escudriñado bien en su pecho? ¿Que seguro que no sacó a la luz del día todo lo que allí de inconsciente había? ¿Que no se puede sacar a la luz lo inconsciente?

¿Eso cree usted, mi muy honrado colega? Yo sé que una nueva ciencia aparece en el horizonte científico que justamente esto sostiene y también he leído un par de libros de estos colegas. Yo, no lo creo. Yo creo que lo que ellos llaman inconsciente está un poco más solapado que lo consciente, pero accesible a la inteligencia.

Yo, ahora, alego este diálogo que pone de manifiesto que Sancho Panza ya era capaz de utilizar lo que había aprendido de su amo y que sabía servirse de ello como espada, como armadura contra la realidad cuando hacía falta o para defender sus intereses. El mundo científico decidirá después cuán verosímil o no es este diálogo haciendo de esta forma avanzar a la ciencia.

Sancho Panza:

Paréceme, señor mío, que todas estas desventuras que estos días nos han sucedido, sin duda alguna han sido pena del pecado cometido por vuestra merced contra la orden de su caballería, no habiendo cumplido el juramento que hizo de no comer pan a manteles ni con la reina folgar, con todo aquello que a esto se sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar aquel almete de Malandrín, o como se llama el moro, que no me acuerdo bien.
¡Qué bien lo había aprendido todo! ¿No había sido derrotado Don Quijote en la batalla a cuyo inicio estaba Rocinante por haber atacado a gente que no era de su clase, por haber atacado a simples campesinos? Y habiendo sido el no cumplir el juramento la causa de esta derrota, ¿por qué no iba a ser también la causa de las otras? Y le parecía a Sancho Panza muy oportuno creer esto porque si no, hubiese debido de compartir su sabroso queso, las salchichas picantes, el pan dulce y el rico vino con su amo, mientras que si lo convencía, todos los manjares serían para él. Lo que había aprendido de su amo no era solo armadura contra la realidad, sino también espada para defender sus intereses.

Mientras así platicaban, enseñando el amo a su escudero a utilizar las armas de los caballeros andantes, caía la noche y vislumbraron a lo lejos un par de lumbres que se movían y que venían a su encuentro. Tal era el susto que les causaron estas lumbres en la oscuridad de la noche, que la armadura de los caballeros andantes a duras penas resistía y los dientes de Sancho Panza, todavía no tan hábil en el uso de estas armas, comenzaron a castañetear. Don Quijote, por su parte, repasó mentalmente y todo lo deprisa que pudo todos sus libros de caballería y encontró una escena en la que este fenómeno estaba descrito y de esta manera cobró valor. Porque igual que a ti, mi querido lector, sólo le espantaban las cosas que no tenían explicación alguna. El horror nos atenaza, sólo cuando no entendemos el mundo que nos rodea y cuanto más complicado es dicho mundo, mayor riesgo hay de que no lo entendamos y nos sintamos alienados. Y en estos casos, más vale explicación loca, que no tener ninguna.

Cuando finalmente estuvieron frente a las lumbres, asemejaron espectros, siniestros hijos del infierno, que al brazo fuerte de un caballero andante tenían que obedecer. Levantó Don Quijote su terrible lanza, exigiendo de ellos que se sometieran; ya que había leído, que era esto lo que él tenía que hacer en tales circunstancias.
Parece que las lumbres, que en realidad eran monjes con una antorcha en la mano y que asistían al entierro de un compañero suyo, sea porque no estaban al tanto en lo que concierne a los caballeros andantes, sea porque les daba igual, no quisiesen obedecerle. Le ordenaron que los dejara pasar, lo que equivalía a una ofensa que bien merecía un castigo.

Bajó Don Quijote su lanza y arremetió con tanta o poca fuerza, no lo sabemos, mas demasiada fuerza para aquél que no se lo esperaba, que el ofensor cayó con gran estruendo de su caballo. Ahí en el suelo, el monje repasaba la Biblia, para saber si algo así ya había ocurrido que pudiese explicar si lo acontecido era normal y por qué razón hubo ocurrido.

¿No cuenta la Santa Biblia en Moisés quinto libro, primer capítulo, versículo 46 que Yahvé ya no estaba con su pueblo, porque éste, su pueblo, no le había obedecido y que iban por ello a la derrota?

En esto pensaba el monje. Este pasaje, no sólo le explicó lo que estaba ocurriendo, sino que también le procuró gran alivio, porque un Dios que castiga, nos evidencia que existe; y más vale un Dios que castiga y existe, que uno que no castiga pero tampoco existe. No hacía falta tampoco averiguar en qué había pecado él para merecer tal castigo, porque no cabe duda de que si se busca un pecado, siempre se puede encontrar alguno por mínimo que sea.

Viendo sus compañeros con qué fervor había atacado la figura que había salido de improviso de la oscuridad más absoluta, a la que, como no llevaba antorcha, no habían visto, escaparon dejando a su compañero solo.

En estas circunstancias le pareció muy oportuno al monje responder a las preguntas que le hacía Don Quijote y le dijo, que era un hombre de Iglesia, que iba con otros once sacerdotes a Segovia para sepultar allí a un compañero que había muerto en Baeza.

Viendo Don Quijote que se trataba de un compañero suyo y que ambos eran caballeros andantes al servicio de la locura, le propuso enderezar todos los entuertos que le hubieran hecho hasta este día, algo que le gustaba hacer siempre, ya lo sabemos, porque sirve tanto para pagar por los servicios que se han recibido como para enderezar entuertos que a otros se hubieren infligido.

Pero estos dos locos, por estar en dos situaciones muy distintas, no podían ponerse de acuerdo, porque ya hemos visto, que la misma locura no es la misma en situaciones distintas; y en este caso, ni siquiera era la misma locura.

Dijo el sacerdote que el único entuerto que le habían hecho hasta ahora era el cometido por Don Quijote: derribarlo de su caballo y quebrarle una pierna. Pero como ni siquiera la locura misma puede enderezar un entuerto si sujeto y objeto son la misma persona, era más práctico dejar de lado la vida caballeresca por un rato y negar que él, Don Quijote, tuviera la culpa de lo que había ocurrido. ¿Por qué cabalgaban por la noche disfrazados de espectros?

Don Quijote estaba en disposición de dejar de lado un poco la vida caballeresca y no recurrir a los libros de caballería, pero al sacerdote, que estaba en el suelo con una pierna quebrada e incapaz de levantarse, le quedaba sólo lo que su religión caballeresca le ofrecía y así, le dijo a Don Quijote que sería excomulgado de la Santa Madre Iglesia por lo que éste no quedó impresionado en absoluto, porque ya había sido hecho al Cid Campeador, ilustre modelo, y este caballero andante se sintió honrado con ello.

De esto podemos sacar una conclusión más general. Las locuras son más útiles para combatir desgracias, cuando son la única arma que queda, pero en el caso de que se esté bien, son solamente un lindo adorno, mas no realmente necesarias y por eso, hay más locuras en tiempos difíciles que en edades doradas.

Buena prueba de ello sería lo que estaba haciendo Sancho Panza mientras su amo y el sacerdote no se ponían de acuerdo, arramblando con todo lo que los sacerdotes habían dejado al huir despavoridos; y que siendo éstos hombres de la Iglesia, eran cosas mucho más ricas y sabrosas incluso que aquéllas que habían dejado en la taberna.

Claro, que también se podría dar una razón para justificarlo; o al menos, un ejemplo de los libros de la caballería andante, lo que para el caso es casi lo mismo porque ya sabemos, y no nos cansaremos de decirlo, que cuando encontramos en el pasado que alguien ya vivió una situación similar, queda probado que ese algo se hace. Lo que basta y sobra para justificarlo.

Pero ¿qué necesidad hay de justificar la vida o encontrarle una razón, cuando sea bonita? Tan bonitas eran y tan buenas estaban estas salchichas, que su paladar no preguntó si era legítimo comérselas o no. Y bien abastecidos, continuaron su camino.

 

chapter neunzehn

Von dem vernünftigen Zwiegespräch, das Sancho Panza mit seinem Herrn führte und von dem Abenteuer, mit einem toten Körper und anderer berühmter Dinge, und wo wir lernen, dass die religiöse Ritterschaft eine Gabe Gottes ist

Die ritterliche Religion

Hierin unterscheidest du dich vom Tier
du hast den Wahnsinn, dieses hat nichts
Man sagt der Erde, Gott gab den Atem
und dieser Atem, so sagt man, sei die Seele
doch wir, beim Blick in unsere Brust, wissen
es besser, Irrsinn war's, was der Atem gegeben

Ein Same nur war dieser, zu Beginn der Entwicklung
und dir erschien es, als seiest du nun im Zentrum
Das Lächeln dieses, ach so schönen Mädchens
an dich dachte sie, als sie lächelte
und stand sie, neben dir, dem Zufall nur geschuldet
dann war es für dich, Zeichen süßer Hoffnung

So sehr gefiel dir diese göttliche Gabe
dass du sie blühen ließt in deinem Herzen
Was du nicht sehen willst, verhüllt der Wahnsinn
und was du sehen willst, verschönert er
Unbezwingbar diese Rüstung, dieser Irrsinn
und dieser Irrsinn, welch zauberhafter Spiegel

So fruchtbar war die Erde, wo er eingepflanzt,
dass ein starker Baum erwuchs aus diesem Samen
Und aus jedem seiner Äste, erblühten viele Religionen,
eine so verrückt und so schön wie die andere
und alle setzten den Menschen, dich, ins Zentrum
So nah war dir Gott, wie dieses Mädchen

Für jedes Unglück, gab es nun einen Grund
Wie süß war die Strafe
von der Hand die dich liebte
und Gründe,dich zu strafen, gab es immer
denn vor langer Zeit, aß eine Frau einen Apfel.
Wenn das Leben dich schlug, so war die Religion dir ein Trost,
und ging es dir gut, dann konntest du sie vergessen

Die Religion war dein Trost, bei Schmerzen aller Art
und der Beweis, dass du berechtigt warst, Böses zu tun
Sie gab deinem Leben Glanz, als du oben warst
und Trost, als du am Boden lagst
Der erste fahrende Ritter war Jesus Christus
doch danach, gab es noch tausend andere

Sancho Panza hatte gelernt, dass ihm sein Unglaube bezüglich der Regeln der fahrenden Ritterschaft nicht gut tat, denn die Realität, ganz im Gegensatz zu jener, pflegt ungerecht zu sein. Nicht nur, dass sie bei Schicksalsschlägen keinen Trost spendet. Er sah auch, dass sein Herr die Erschöpfungen und Leiden sehr viel besser ertrug, weil er immer auf etwas zurückgreifen konnte, was er in seinen Ritterbüchern gefunden hatte, während er nackt und ohne Rüstung der rauen Wirklichkeit gegenüberstand. Wenn diese ihn auf den Boden geworfen hatte, gab es keine Möglichkeit mehr, zuerst den Geist und dann den Körper zu erheben. Es war von daher nicht verwunderlich, dass er so schnell lernte, da er ja das Beispiel seines Herrn vor Augen hatte, dessen Geist nicht der Sklave seines Körpers war und der sich folglich von diesem lösen konnte, wenn dies nötig war.

Die gewissenhaften Studien von Cide Hamete Benengali sind eine große Hilfe für uns, denn dieser widmete den Dialogen seine besondere Aufmerksamkeit, da er wusste, dass diese die direkte Ausströmung der Essenz der Tatsachen sind und von daher erhellender als die Tatsachen, die wir nicht verstehen, wenn wir die Essenz nicht kennen, die zu diesen Tatsachen führte. Aus den Dialogen, die er uns übermittelt hat, können wir auch schließen, dass er ein Theorie hatte, denn er hat uns nicht alle übermittelt, die irrelevanten zum Beispiel, die nicht aufschlussreich sind, wie die Gespräche über das Wetter und Dinge dieser Art, übermittelte er uns nicht. Er hatte eine Theorie und setzte den Nachdruck auf die Dialoge, die dazu beitragen konnten, diese zu bestätigen.

Für die wenigen gelehrten Leser, die ich habe, normalerweise sind meine Leser ja Esel, sage ich, dass mir sehr wohl bewusst ist, dass diese Vorgehensweise all diejenigen nicht zufrieden stellen wird, die in den Wissenschaften weiter vorangekommen sind, denn wir wissen nicht, ob es nicht auch Dialoge gab, die seine Theorie in Frage gestellt hätten und er folglich alles unterdrückt hat, was seine Meinung nicht bestätigte, wie dies für gewöhnlich alle jene ruchlosen, königlichen Geschichtsschreiber tun, die die Wissenschaft diskreditieren, indem sie die Wahrheit durch Gold eintauschen.

Der Einwand ist, meine verehrten Kollegen, nicht völlig absurd, ganz im Gegenteil und auch ich bin der Meinung, dass ein ehrbarer Wissenschaftler jeden Einwand ernst nehmen muss, diesen sogar nennen muss, bevor ein anderer ihn erwähnt. Jede andere Art zu verfahren, ist nicht ehrenhaft und nicht die Arbeit eines ernsthaften Mannes, sondern eher von Bengeln, die mit ihrer Freundin einen Sonnenuntergang betrachten wollen, mit einem Herzen, dass so zusammengeschmolzen ist wie ihr Hirn.

Ich setze jedoch meine hochgerühmten Kollegen davon in Kenntnis, dass Cide Hamete Benengeli für diese Arbeit nicht bezahlt wurde und er diese Arbeit nicht mal im Auftrag von irgendjemandem durchführte. Welchen Grund sollte er gehabt haben, das beiseite zu schieben, was ihm nicht gefiel und das anzuführen, was ihm gefiel. Dass er es unbewusst gemacht hat? Ja, ja, dies ist ein starkes Argument. Doch glaubt ihr wirklich, meine hochgeehrten Kollegen, dass ein Gelehrter vom Schlage eines Cide Hamete Benengeli in eine so einfache Falle tappen könnte? Glaubt ihr nicht, dass er, wie auch ihr dies tut, seine Brust erforscht hat? Dass er nicht in der Lage gewesen wäre, all das ans Licht zu bringen, was sich dort verbirgt? Dass man das Unbewusste nicht zu Tage befördern kann? Glauben Sie das, mein hochverehrter Kollege? Ich weiß, dass eine neue Wissenschaft am Horizont der Wissenschaften sichtbar wird, die genau dies behauptet und ich habe auch schon einige Bücher dieser Kollegen gelesen. Ich glaube das nicht. Ich glaube, dass das, was diese das Unbewusste nennen, zwar etwas tiefer vergraben ist, als das Bewusste, aber keineswegs unerreichbar ist.

Hier ist nun der Dialog, der zeigt, dass Sancho Panza schon in der Lage war, das, was er von seinem Herrn gelernt hatte, einzusetzen, es zu nutzen wie ein Schwert, wie eine Rüstung gegen die Realität, wenn dies nötig war oder um seine Interessen zu verteidigen. Die wissenschaftliche Welt wird dann entscheiden, wie wahrscheinlich oder unwahrscheinlich das ist. So schreitet die Forschung voran.

Sancho Panza:

„Es erscheint mir, mein Herr, dass alle die Missgeschicke, die wir die letzten Tage erlebt haben, ohne Zweifel die Strafe für die von Ihnen begangenen Verstöße gegen die Regeln der fahrenden Ritterschaft sind, da sie den Eid, kein feines Brot zu essen und nicht mit der Königen zu vögeln und all dem was darauf folgt, auch dem Malandrino was weiß ich, den Helm zu nehmen, gebrochen haben.“

Wie gut hatte er alles gelernt! War Don Quijote nicht etwa in der Schlacht, an deren Beginn Rocinante stand, vernichtet worden, weil er Leute angegriffen hatte, die nicht seiner Klasse entstammten, weil er einfache Bauern angriff? Und da das Brechen des Eides der Grund dieser Niederlage war, warum sollte er nicht auch die Ursache aller anderen sein? Es erschien Sancho Panza auch sehr opportun dies zu glauben, denn andernfalls hätte er den köstlichen Käse, die scharfen Würste, das süße Brot und den Wein mit seinem Herrn teilen müssen. Konnte er ihn jedoch überzeugen, dann wären alle Speisen für ihn. Was er von seinem Herrn gelernt hatte, war nicht nur eine Rüstung gegen die Realität, sondern auch ein Schwert zur Verteidigung seiner Interessen.

Während sie nun so sprachen und der Herr seinem Knappen die Nutzung der Waffen der fahrenden Ritter lehrte, sahen sie in der Ferne ein paar Lichter, die sich bewegten und auf sie zukamen. Das Entsetzen, das diese Lichter ihnen verursachten, war derartig, dass die Rüstung der fahrenden Ritter dem kaum widerstand und die Zähne von Sancho Panza, der in der Nutzung dieser Waffen noch nicht so geschickt war, zu klappern begannen. Don Quijote wiederum ging im Kopf und so hurtig wie er konnte alle seine Ritterbücher durch und fand auch eine Szene, in der dieses Phänomen beschrieben wurde, wodurch er seinen Mut wieder erlangte. Den ganz so wie dich, mein geliebter Leser, erschreckten ihn nur die Dinge, für die es keine Erklärung gab. Das Entsetzen packt uns nur, wenn wir die Welt, die uns umgibt, nicht verstehen und je komplizierter diese Welt ist, umso größer das Risiko, dass wir sie nicht verstehen und uns entfremdet fühlen. In diesem Fall ist eine verrückte Erklärung besser als gar keine.

Als sie schließlich vor den Lichtern standen, glichen diese Geistern, unheilvolle Söhne der Hölle, die dem kräftigen Arm eines fahrenden Ritters gehorchen mussten. Don Quijote hob seine schreckliche Lanze und forderte sie auf, sich zu unterwerfen, da er gelesen hatte, dass er dies in dieser Situation machen musste.

Es schien als wollten die Lichter, die in Wirklichkeit Mönche mit einer Fackel in der Hand waren, die dem Begräbnis eines ihrer Kameraden beiwohnten, ihm nicht gehorchen wollten, sei es, weil sie über fahrende Ritter nicht auf dem Laufenden waren, oder sei es, weil es ihnen egal war. Sie befahlen ihm, sie vorbeizulassen, was einer Beleidigung gleichkam, die eine Strafe verdiente.

Don Quijote senkte seine Lanze und griff mit einer solchen Wucht an, vielleicht war diese auch nur gering, wir wissen es nicht, sie war jedoch groß genug für jenen, der nicht darauf gefasst war, dass der Angreifer mit lautem Tosen vom Pferd fiel. Auf dem Boden liegend, ging der Mönch die Bibel durch, um herauszufinden, ob sich so etwas schon mal ereignet hatte und so zu klären, ob dies normal sei und warum es geschah.

Erzählt nicht die Bibel in Moses, fünftes Buch, erstes chapter Vers 46, dass Jahve nicht mehr mit seinem Volk war, weil dieses ihm nicht gehorcht hatte und sie deshalb einer Niederlage entgegen gehen würden?

Daran dachte der Mönch. Diese Passage erklärte ihm nicht nur, was geschah, sondern verschaffte ihm auch Erleichterung, denn ein Gott, der straft, zeigt uns, dass er existiert und besser ist ein Gott, der straft und existiert, als einer der nicht straft, aber auch nicht existiert. Es war auch nicht nötig, dass er herausfand, worin er gesündigt hatte, um diese Strafe zu verdienen, denn es besteht kein Zweifel, dass man immer eine Sünde findet, und sei sie auch noch so klein, vorausgesetzt man sucht sie.

Als seine Kameraden nun sahen, mit welcher Wucht die Gestalt, die plötzlich aus tiefster Dunkelheit erschienen war, die man, da sie keine Fackel trug, vorher nicht sah, angegriffen hatte, ergriffen sie die Flucht und ließen ihren Kameraden zurück.

In dieser Situation erschien es dem Mönch nun günstiger, auf die Fragen Don Quijotes zu antworten und er sagte ihm, dass er ein Mann der Kirche sei, der mit anderen Priestern nach Segovia ging, um dort einen Kameraden zu beerdigen, der in Baeza gestorben war.

Da Don Quijote nun sah, dass es sich um einen Kameraden von ihm handelte und beide fahrende Ritter im Dienste der Verrücktheit waren, schlug er ihm vor, alles Unheil, dass man ihm bislang zugefügt hatte, zu rächen. Wir wissen bereits, dass er so etwas gern tat, denn so konnte man sowohl für das bezahlen, was man empfangen hatte, wie auch wieder gut machen, was man anderen angetan hatte.

Da sich diese zwei Verrückten aber nun in unterschiedlichen Situationen befanden, konnten sie sich nicht einigen, da wir ja bereits gesehen haben, dass dieselbe Verrücktheit in verschiedenen Situationen nicht die gleiche ist.

Der Priester sagte ihm, dass das einzige Unrecht, welches man ihm bislang zugefügt habe, jenes sei, das Don Quijote ihm zugefügt habe, nämlich ihn vom Pferd zu stoßen und ihm ein Bein zu brechen. Da nun aber selbst die Verrücktheit kein Unrecht rächen kann, wenn Subjekt und Objekt identisch sind, war es praktischer, das ritterliche Leben für einen Moment zur Seite zu schieben und zu verneinen, dass er, Don Quijote, an dem was vorgefallen war, die Schuld trüge. Warum sind sie um diese Zeit als Gespenst verkleidet durch die Nacht geritten? Don Quijote war in einer Situation, die es ihm erlaubte, das ritterliche Leben zu vernachlässigen und sich nicht mehr auf die Ritterbücher zu berufen, dem Priester jedoch, der mit einem gebrochenen Bein auf dem Boden lag, verblieb nur das, was seine ritterliche Religion verfügte und so sagte er zu Don Quijote, dass er aus der Heiligen Mutter Kirche exkommuniziert würde, was diesen aber nicht beeindruckte, weil ja schon Cid Campeador, gerühmtes Vorbild, exkommuniziert worden war und dieser fahrende Ritter sich hierdurch geehrt fühlte.

Hieraus können wir einen allgemeineren Schluss ziehen. Die Verrücktheiten sind nützlicher, wenn es um die Bekämpfung misslicher Lagen geht, denn dann sind sie die einzige Waffe, die verbleibt. Wenn es einem jedoch gut geht, dann sind sie nur noch ein schöner Schmuck, aber entbehrlich und deshalb gibt es mehr Verrücktheiten in schwierigen Zeiten als in den goldenen Zeitaltern.

Ein schöner Beweis hierfür ist das, was Sancho Panza tat, während sich sein Herr und der Priester nicht einig wurden. Er raffte alles zusammen, was die entsetzten Priester zurückgelassen hatten und dies waren, da diese Männer ja von der Kirche waren, köstlichere und schmackhaftere Dinge, als jene, die Sancho Panza in der Kneipe vergessen hatte.

Natürlich hätte man auch einen Grund nennen können, der dies Verhalten rechtfertigte, oder zumindest ein Beispiel aus den Büchern der fahrenden Ritter, was ja auf das Gleiche hinausläuft, wie wir wissen und nicht ermüden zu wiederholen. Wenn wir in der Vergangenheit jemanden finden, der Ähnliches erlebt hat, dann ist bewiesen, dass man das tut, was dann reicht, um dieses Verhalten auch zu rechtfertigen.

Doch warum soll man das Leben rechtfertigen und einen Sinn darin suchen, wenn es schön ist? So schön und gut waren diese Würste, dass sein Gaumen nicht danach fragte, ob es statthaft wäre sie zu essen oder nicht. Gut versorgt, machten sie sich wieder auf den Weg.