Capítulo vigésimo tercero

De lo que le aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan y donde aprendemos algo más sobre Cide Hamete Benengeli

Todo fluye, dijo el filósofo griego Heráclito, pero ¿sabía él realmente lo que decía? ¿Fluyen las cosas o somos nosotros quienes fluimos? ¿O fluyen ambos?
Si cambiamos nosotros, las cosas cambian e igualmente cambian cuando son ellas las que cambian y nosotros nos quedamos estáticos. Y cada cosa tiene su lugar en un entorno dado, pero ¿qué pasa cuando el entorno cambia? ¿Habría sido sensato que Cide Hamete Benengeli nos hubiese presentado a un Don Quijote inalterable, que no cambiara nunca?
Esto habría sido como afirmar que nosotros no cambiamos, que el entorno no cambia y que, por tanto, Don Quijote tampoco cambia. Eso sí que habría sido una gran mentira y con lo bobo que eres, tú la habrías aceptado.

La literatura es un fiel reflejo del lector. Él mete dentro, lo que quiere o lo que necesita y tan lejos está de la verdad lo uno como lo otro. Esto sucede sobre todo con lectores poco cultos, como eres tú, y tendemos a creer que Cide Hamete Benengeli tenía más de una razón para no mostrarnos a un don Quijote como mero producto de la fantasía. No solamente es porque, a lo mejor, se trata de varias personas de las cuales formaron una en las tabernas, teoría que hemos descartado, pero que no está completamente excluida. Alguna razón más tendría Cide Hamete Benengeli, para no eliminar lo que a ti te parecen contradicciones. Si él te presenta al Quijote tal como era, con todas sus contradicciones, contradicciones tan grandes, que incluso gente poco experimentada como tú podrían creer que no se trata de la misma persona, tú no puedes verte reflejado en las hazañas de Don Quijote, porque no hay espejo. No entiendes nada, ¿cierto?

Lo explico para ti, en forma de receta de cocina. Si Cide Hamete Benengeli te habría presentado a don Quijote como si se tratara de un personaje de ficción y no como una persona de carne y hueso, lo que realmente era, tú habrías metido dentro tus cosas. Habrías dicho "es un loco, lucha contra molinos de viento" o "es como yo, siempre trata cosas imposibles" o "yo siempre sabía que leer mucho daña la salud" o "hay que trabajar y no vivir en las nubes" o "la belleza sólo la encuentras en los libros". Habrías estado de acuerdo o totalmente en contra. Sin embargo, como te presenta una figura real, que cambia cada rato, ninguna de tus afirmaciones puede ser correcta, no hay blanco ni negro. De esta forma aprendes que puede haber cordura en la locura, locura en el raciocinio, bondad loca y loca malicia, fuerza loca y loca flojera. Aprendes a pensar por tu propia cuenta y a no repetir lo que otra gente te dice o a ver sólo lo que quieres ver. Y, créeme, esto es algo que realmente te hace falta. Únicamente en las novelas para mujeres, los protagonistas no cambian, pero en un estudio científico rigoroso; o sea, en aquellos libros que tratan de personas reales, los protagonistas cambian y por eso estas historias son verdaderas. En este capítulo y los tres siguientes, vamos a ver otra faceta de Don Quijote.

Llevaba Sancho Panza a su amo a Sierra Morena, porque allí se creía seguro de la Santa Hermandad; y en este caminar, la próxima hazaña no se hizo esperar, aunque ésta será muy distinta de todas las otras. Habían ya cabalgado por mucho tiempo por aquellas montañas, cuando vieron en el suelo un bulto que atrajo la curiosidad del caballero andante y su escudero. Al principio, parecía un bulto de ropa, pero cuán enorme fue la sorpresa de Sancho Panza cuando lo miró más de cerca. No sólo contenía cuatro camisas de lana fina que hacían muchísima falta a Sancho Panza, porque los encadenados liberados lo habían dejado casi desnudo, sino también muchos escudos de oro. Bendijo Sancho Panza en ese momento a Don Quijote, pues con esto, la vida de aventureros que llevaban parecía ser rentable; y más todavía, cuando Don Quijote le dijo que podía guardarse el dinero para él.
Podemos saber algo sobre el carácter de las personas, ten cuidado lector pues esto también es una teoría, por los objetos que les atraen. Podemos aprender algo sobre la diferencia que existía entre Don Quijote y Sancho Panza. Esta diferencia a veces, como hemos visto, se diluye, pero ahora salta a la vista. Mucho más que el oro, a Don Quijote le interesó un librito que se encontraba en el bulto y su curiosidad aumentó, cuando vio que éste estaba ricamente adornado. Lo abrió, encontró este soneto y lo leyó en voz alta.

O le falta al amor conocimiento,
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.
Pero si amor es dios, es argumento,
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel; pues ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que sois vos, Filia, no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe,
ni me viene del cielo esta ruina.
Presto habré de morir, que es lo más cierto
que al mal de quien la causa no sabe,
milagro es acertar la medicina.

¡Joder!, ahora te acuerdas de tu asignatura de literaturea Española y de todos aquellos poemas rarísimos que te hacía leer una profesora que veía menos que un gato de escayola. No sé si esto te va a consolar, me imagino que no, pero al oír estos versos Sancho Panza dijo:

- Por esa trova no se puede saber nada, si ya no es que por ese hilo que está ahí se saque el ovillo de todo.

Es decir, la única cosa que le llamaba la atención era Filia, la hija de Sitón de Tracia, que muere por su amor desesperado por Demofonte, pues Filia le parece el hilo, por el cual se puede desenredar este ovillo.
Lo admitimos, es una forma un poco rara de hablar de un amor desdichado. Se pregunta un amante infeliz, si la chica que amaba simplemente no comprendía cuanto duele el amor o, sencillamente era cruel o ninguna de ambas cosas, sino que él estaba demasiado predispuesto a sufrir. Después se pregunta de dónde podía venir tanto sufrimiento, pues no podía venir de los dioses, que nunca hacían sufrir tanto a los mortales, ni de su adorada, a la que él llamaba Filia, porque en tanta belleza no podía haber tanta maldad (lo que sí es claro es que estaba en un error, porque en el caso de la hija de Sitón fue al revés, ella era la infeliz). Finalmente dice que no podrá haber medicina, si se desconoce la causa del malestar y que, por tanto, va a morir pronto.
Pero lo más curioso del asunto es lo siguiente. Como ya vimos en el capítulo trece, que trataba del amor que Crisóstomo sentía por Marcela y de la inexistencia de este sentimiento por parte de ella, el resultado de un amor desventurado siempre es el mismo, el frustrado amante muere. ¿Para qué comerse el coco por saber la causa?, cuando, independientemente de la causa, el resultado siempre es el mismo. ¿Y por qué introduce este infeliz, en lugar inoportuno, a una princesa de Tracia? ¿Son sus sentimientos una imitación?
No lo sabremos nunca y Cide Hamete Benengeli no prestó ninguna atención a este poema y lo mismo vamos a hacer nosotros. ¿Pero quién era este infeliz que copiaba tanto la forma como el contenido de culturas tan ajenas?
La respuesta no se hizo esperar.
Vieron a un hombre, que bajaba corriendo la ladera de un monte. Su aspecto era salvaje, su barba larga, los cabellos hirsutos y estaba casi desnudo. Lo único que llevaba era un calzón, o más bien dicho lo que de un calzón quedaba, porque estaba bastante destrozado. Pero este calzón era de terciopelo, por lo que estaba bien claro que antes perteneció a un señor noble y aquél que había escrito este poema, este soneto para ser más exactos, tenía que ser noble también, ya que sólo una persona que hubiese sido educada por un profesor particular, normalmente un filólogo, como solía hacerse en las casas de alta alcurnia, podía utilizar tantas palabras para no decir nada y únicamente alguien que hubiera estudiado Filología o Filosofía, podía tener tanta basura en la cabeza para describir sus problemas de amor de una manera tan abstracta.

Tan rápido apareció, como desapareció. Don Quijote, que era gran admirador de emociones papeleras, se sintió fuertemente atraído por el personaje y decidió buscarlo para ofrecerle su brazo fuerte, a pesar de que no lo necesitaba.

Siguieron pues su camino en busca del noble infeliz, cuando dieron con un cabrero que les contó lo que sabía de él. Había aparecido un día en estas montañas y había preguntado a los cabreros cuáles eran los parajes más recónditos de la sierra y cuando los cabreros le dijeron lo que quería saber, se alejó en aquella precisa dirección. A partir de entonces, reaparecía de vez en cuando para pedirles a los cabreros algo de comer, lo que siempre hacían de buen grado. La mayor parte de las veces se lo pedía de manera cortés, mas otras, les quitaba de las manos lo que quería, pues en sus ataques de locura tomaba por la fuerza lo que ellos le habrían dado, e incluso ofrecido, sin que lo hubiese pedido.
Los cabreros eran buena gente y finalmente, así también lo contó el cabrero, decidieron ir a buscarlo para llevarlo a la ciudad más cercana y que allí lo curasen. Claro está, si se dejaba, puesto que cada vez que aparecía, su locura se manifestaba de manera más violenta que la anterior. Mientras así hablaban, apareció de repente la persona objeto de la conversación. Se acercó y saludó a todos los que allí estaban. No sabemos la razón por la cual, Don Quijote se sentía tan atraído por este desdichado; sin embargo, lo más probable es que viera en él algún personaje de sus libros de caballería pero de carne y hueso.
¿No se había imaginado Don Quijote vivir en un lugar inhóspito, apartado y solitario y llorando sus desdichas, pecados o fallos como lo había hecho ya el Amadís de Gaula? ¿No te parece verosímil, lector mío, esta hipótesis? Ya verás en los capítulos siguientes, que los hechos de por sí revelan poca cosa pero que con los hechos, bien se puede comprobar una hipótesis.


 

chapter dreiundzwanzig

Was dem berühmten Don Quijote in der Sierra Morena zugestoßen ist, was eines der merkwürdigsten Abenteuer war, die in dieser wahren Geschichte erzählt werden und wo wir noch einiges über Cide Hamete Benengeli erfahren

Alles fließt, sagt der griechische Philosoph Heraklit, aber wusste er, was er sagte? Fließen die Dinge oder sind wir es, die fließen? Oder fließen vielleicht beide?

Ändern wir uns, dann ändern sich auch die Dinge und sie ändern sich ebenfalls, wenn sie es sind, die sich ändern und wir starr bleiben. Und alles hat seinen Platz in einem gegebenen Umfeld, doch was ist, wenn sich das Umfeld ändert? Hätte es einen Sinn ergeben, wenn Cide Hamete Benengeli uns Don Quijote als unveränderlich gezeigt hätte, als jemanden, der sich nie ändert?

Das wäre, als würde man sagen, dass wir uns nicht ändern, sich die Umgebung nicht ändert, und dass sich folglich auch Don Quijote nicht ändert. Das wäre wirklich eine große Lüge gewesen und dumm wie du bist, hättest du sie sogar geglaubt.

Die literature ist ein getreuer Spiegel des Lesers. Er legt hinein, was er will oder was er braucht und so weit entfernt von der Wahrheit ist das eine wie das andere. Das ist vor allem bei ungebildeten Lesern wie dir so und wir dürfen annehmen, dass Cide Hamete Benengeli mehr als einen Grund hatte, uns Don Quijote nicht als reines Phantasieprodukt zu zeigen. Nicht nur dass es sich vielleicht um mehrere Personen handelt, aus der man in den Kneipen eine geformt hat, eine Theorie, die wir zurückgewiesen haben, die aber nicht ganz ausgeschlossen ist. Es mag noch einen Grund für Cide Hamete Benengali gegeben haben, das, was du als Widerspruch empfindest, nicht aufzulösen. Wenn er dir Don Quijote so zeigt, wie er war, mit all seinen Widersprüchen, Widersprüche, die so groß sind, dass selbst wenig erfahrene Leute wie du, glauben könnten, dass es sich nicht um dieselbe Person handelt, dann kannst du dich in den Heldentaten des Don Quijote auch nicht spiegeln, denn es gibt keinen Spiegel. Das verstehst du nicht, stimmt's?

Ich erkläre es dir, in Form eines Küchenrezeptes. Wenn dir Cide Hamete Benengeli Don Quijote als eine fiktive Gestalt vorgestellt hätte und nicht als jemanden aus Fleisch und Blut, was er tatsächlich war, dann hättest du deine eigenen Sachen hineininterpretiert. Du hättest gesagt "das ist ein Verrückter, der kämpft gegen Windmühlen" oder "er ist wie ich, er versucht auch immer, Unmögliches zu machen" oder "ich wusste immer schon, dass viel Lesen schädlich ist" oder "man muss arbeiten und nicht in den Wolken leben" oder "die Schönheit findest du nur in den Büchern". Du wärst entweder vollkommen dafür oder vollkommen dagegen gewesen. Da er dir jedoch eine reale Person zeigt, die sich von einem Moment zum anderen ändert, ist keine deiner Behauptungen richtig, es gibt weder schwarz noch weiß. So lernst du, dass es Vernunft in der Verrücktheit gibt, Verrücktheit in der Vernunft, verrückte Güte und bösartige Verrücktheit, verrückte Kraft und verrückte Faulheit. So lernst du mit deinem eigenen Hirn zu denken und nicht nachzuplappern, was andere Leute sagen, oder nur das zu sehen, was du sehen willst. Und glaub mir, das ist es, was du brauchst. Nur in den Geschichten für Frauen, ändern sich die Protagonisten nicht, in einer wissenschaftlichen Abhandlung jedoch, also in den Büchern, die von realen Personen handeln, da ändern sich die Protagonisten und deshalb sind es wahre Geschichten. Wir werden in diesen und in den drei nächsten chapter n eine andere Facette von Don Quijote sehen.

Sancho Panza führte seinen Herrn in die Sierra Morena, weil er sich dort vor der Santa Hermandad sicher glaubte. Auf dem Weg dahin, ließ das nächste Abenteuer nicht lange auf sich warten, auch wenn dieses von anderer Art war, als die anderen. Sie waren nun schon einige Zeit durch diese Berge geritten, als sie auf dem Boden ein Knäuel sahen, welches die Aufmerksamkeit sowohl des fahrenden Ritters, wie auch die des Knappen erregte. Zuerst schien es ein Knäuel von Kleidern zu sein, als Sancho Panza es jedoch näher betrachtete, war seine Überraschung groß. Es enthielt nicht nur vier Hemden aus feinem Stoff, deren Sancho Panza, da ihn die Sträflinge, einmal befreit, ihn fast bis auf die Haut ausgeplündert hatten, dringend bedurfte, sondern auch viele Golddukaten. In diesem Moment pries Sancho Panza Don Quijote, denn somit brachte ihr abenteuerliches Leben, das sie führten, einen Ertrag, dies umso mehr, als Don Quijote ihm sagte, dass er das Geld behalten könne.

Wir können über den Charakter der Personen etwas sagen, pass auf Leser, denn auch dies ist eine Theorie, aufgrund der Dinge, die sie interessieren. Wir können etwas lernen über den Unterschied zwischen Don Quijote und Sancho Panza. Dieser Unterschied, das haben wir bereits gesehen, verwischt manchmal, hier aber springt er in die Augen. Viel mehr als von dem Gold, ward Don Quijote von dem kleinen Büchlein angezogen, das in dem Bündel war, und seine Neugierde wuchs, als er sah, dass dieses reich verziert war. Er öffnete es und fand dieses Sonett, welches er mit lauter Stimme vorlas.

Oder es fehlt der Liebe die Kenntnis,
oder sie besitzt ein Übermaß an Grausamkeit,
oder vielleicht ist meine Fähigkeit zu Leiden
dieser Situation größter Schmerzen nicht gewachsen.

Doch wenn die Liebe ein Gott, das steht ja fest,
dem nichts entgeht und sicher ist, dass ein
Gott nicht grausam, wer hat mich dann verdammt
zu diesem Schmerz, den ich fühle und erleide?

Sage ich, dass du es bist, Phyllis, so habe ich Unrecht,
weil so Übel nicht in Gutem sich kann befinden,
noch stammt dieser Ruin vom Himmel.

Bald werde ich sterben müssen, das ist gewiss,
denn kennt man den Grund der Schmerzen nicht,
dann wär's ein Wunder, wenn Medizin sich fände.

Verdammt! Jetzt erinnerst du dich wieder an das Fach Spanische literature in der Schule und an all die merkwürdigen Gedichte, die dir eine Lehrerin, die weniger sah als eine Gipskatze, vorsetzte. Ich weiß nicht, ob dich das tröstet, ich denke nicht, aber als Sancho Panza diese Verse hörte, sagte er.

„Diese Verse ergeben keinen Sinn, außer dass irgendein Faden, Phyllis, der da rum liegt, das ganze Knäuel entwirrt.“

Das Einzige, was also seine Aufmerksamkeit auf sich gezogen hatte, war Phyllis, die Tochter des Sithon von Thrakien, die vor Liebeskummer zu Demophon starb. Denn Phyllis klang für ihn so ähnlich wie Faden, von dem er dann annahm, dass er den Knäuel wird entwirren können.

Wir geben zu, dass dies eine etwas merkwürdige Art war, von einer unglücklichen Liebe zu sprechen. Ein unglücklicher Liebhaber fragt sich, ob das Mädchen, das er liebt, schlicht nicht verstand, wie sehr die Liebe schmerzt, einfach grausam war oder vielleicht keins von beidem, er also nicht stark genug war, diese Leiden zu ertragen. Dann fragt er sich, woher denn ein solcher Schmerz kommen könne, denn er konnte ja nicht von den Göttern kommen, da diese die Sterblichen ja nie so leiden ließen und auch nicht von Phyllis selbst, denn in einer solch schönen Gestalt, kann nicht soviel Bosheit sein. (Sicher ist allerdings, dass er sich irrte, denn im Fall der Tochter von Sithon war es umgekehrt, sie war die Unglückliche) Schließlich sagte er, dass es keine Medizin wird geben können, wenn der Grund des Unbehagens unbekannt ist und er deshalb bald sterben wird.

Doch das Merkwürdigste an der Angelegenheit ist das. Wie wir im chapter dreizehn gesehen haben, in jenem, welches von der Liebe Grisóstomos zu Marcela und der Nichtexistenz dieses Gefühls von ihrer Seite her, handelt, ist das Ergebnis einer unglücklichen Liebe immer das gleiche, der unglücklich Liebende stirbt. Warum also sich den Kopf über die Ursache zerbrechen, wenn unabhängig von der Ursache, das Ergebnis immer das gleiche ist? Und warum nennt dieser Unglückliche eine Prinzessin aus Thrakien an so einer unpassenden Stelle? Sind etwa seine Gefühle eine Imitation?

Wir werden es nie erfahren und Cide Hamete Benengeli hat diesem Gedicht keine Aufmerksamkeit gewidmet und das Gleiche werden wir tun. Doch wer war der Unglückliche, der sowohl die Form wie auch den Inhalt entfernter Kulturen kopierte?

Die Antwort ließ nicht auf sich warten.

Sie sahen einen Mann, der einen Berghang hinunterlief. Sein Äußeres war wild, sein Bart lang, die Haare verfilzt und er war halbnackt. Er war nur mit einer Kniehose bekleidet, oder besser gesagt, mit dem, was von dieser Kniehose übrig geblieben war. Doch diese Kniehose war aus Seide, woraus man schließen konnte, dass sie einstmals einem edlen Herrn gehört hatte, und dass jener, der dieses Gedicht, dieses Sonett, um genau zu sein, geschrieben hatte, auch von edler Herkunft sein müsse, da ja nur jemand, der von einem Privatlehrer unterrichtet worden war, normalerweise einem Philologen, wie dies in den höheren Rängen der Gesellschaft üblich war, so viele Wörter aufwenden konnte, um so wenig zu sagen und nur jemand der Philologie oder Philosophie studiert hatte, konnte in seinem Hirn soviel Müll ansammeln, um seine Probleme auf eine solch abstrakte Art zu beschreiben.

So schnell wie er erschienen war, verschwand er auch wieder. Don Quijote, der ein großer Bewunderer papierner Emotionen war, fühlte sich von der Erscheinung stark angezogen und beschloss, ihn zu suchen und ihm seinen starken Arm anzubieten, ungeachtet der Tatsache, dass jener diesen gar nicht brauchte.

Sie gingen also, auf der Suche nach dem unglücklichen Edelmann, weiter ihres Weges, als sie auf einen Hirten trafen, der ihnen alles, was er über jenen wusste, erzählte. Er war eines Tages in diesen Bergen erschienen, und hatte die Hirten gefragt, welches der abgelegenste Ort der Bergkette sei, und als die Hirten ihm gesagt hatten, was er wissen wollte, entfernte er sich in dieser Richtung. Von da an tauchte er von Zeit zu Zeit auf und bat die Hirten, ihm etwas zu essen zu geben, was diese immer gerne taten. Meistens fragte er höflich, doch manchmal entriss er ihren Händen, was er verlangte, denn in seinen Wahnsinnsanfällen, nahm er sich gewaltsam, was sie ihm ohnehin gegeben, ja sogar angeboten hätten, ohne dass er auch nur danach hätte fragen müssen.

Die Hirten waren anständige Leute und schließlich entschieden sie, auch dies erzählte ihnen der Hirte, ihn zu suchen, um ihn in die nächste Stadt zu bringen, damit man ihn, so dies möglich sei, denn sein Wahnsinn manifestierte sich immer heftiger, als der vorhergehende, dort heile. Während sie so sprachen, erschien plötzlich das Objekt des Gespräches. Er näherte sich und grüßte alle, die dort standen. Wir wissen nicht, warum sich Don Quijote durch diesen Unglücklichen so angezogen fühlte, am wahrscheinlichsten jedoch ist, dass er in ihm eine Gestalt aus seinen Ritterbüchern erblickte, aber aus Fleisch und Blut.

Hatte nicht auch Don Quijote sich schon vorgestellt an einem unwirtlichen Ort zu leben, abgelegen und einsam und dort sein Unglück, seine Sünden oder sein Scheitern zu beweinen, wie dies schon Amadis de Gaula getan hatte? Scheint dir diese Annahme nicht wahrscheinlich? Du wirst in den folgenden chapter n noch lernen, dass die Tatsachen zwar nichts enthüllen, aber die Tatsachen eine Hypothese beweisen können.