Capítulo cuadragésimo primero

Donde se prosigue la historia del cura

¿Qué hiciste mientras el cura estaba pensando en cómo seguir su cuento? ¿Te fuiste a ver si había algo de comer en la cocina, algo de queso de cabra, un trozo de jamón, una tarta?, ¿o te preparaste un café? ¿Te aburre este cuento? Pues tienes suerte, ¿sabes?, porque me dijo el tabernero que el original era mucho más largo todavía, pero él no se acordaba muy bien y yo no me acuerdo de todo lo que me dijo el tabernero.

El cura quería escribir un cuento, pues se creía que escribir un cuento era más o menos lo mismo que pronunciar un sermón en la iglesia en el que siempre se nos cuenta una historia cuyo final conocemos de sobra. La tarea resultaba más compleja de lo previsto inicialmente, mas tenía que seguir...
¡¡Claro, ya está!! Seguiré así... la hermosa hija de Agi Morati le iba a dar dinero al fabuloso Saavedra para que preparase el viaje, ya que pensaba irse con él a España porque desde que se le apareció en sueños la Virgen María, era lo que más deseaba en el mundo. Tanto anhelaba vivir en tierra cristiana que estaba dispuesta a dejar a su padre, su vida de lujo y sus amigas y todo lo que amaba por vivir en un pueblo perdido en España siempre que tuviese una capilla con una imagen de la Virgen María.

¡Madre mía, cuánta basura tiene este cura en la cabeza! Qué chica hermosa va a enterrarse en vida en un pueblo, sin fiestas, bailes, travesuras, volver locos a los chicos y todas esas cosas que suelen hacer las chicas. No sabemos la cantidad de historias de mártires femeninas como Lucía que el cura había leído a lo largo de su vida, ni cuántas veces se le había aparecido en sueños la Virgen María como a Don Quijote el Amadís de Gaula en persona, pero consta que se creía un poeta que podía escribir un cuento que conmoviera a la gente.

¡Menudo panoli! ¿Qué se pensará éste que es un cuento? Ni zorra idea, ¡¡seguro!!, porque un cuento, que se precie de serlo, tiene que ser algo que nos muestre nuevas posibilidades, que nos haga ver cosas que antes no habíamos visto, que nos haga comprender mejor el mundo, que nos revele el misterio de la vida, que nos dé ánimo para emprender cosas nuevas. Tiene que ser algo gracioso, puede ser incluso un cuento loco, siempre que ésta sea una locura hermosa y no algo tan insulso como hablar de una mujer joven que quería encerrarse de por vida en una capilla delante de la imagen de la Virgen María.

Los cuentos son para ampliar horizontes y no para buscar algo más allá y tampoco se puede escribir un cuento sobre lo que pasa más allá del horizonte, porque de lo que pasa más allá del horizonte, no sabemos nada. No hay cuentos que se basen en la nada, en lo que está más allá. Ése, precisamente, fue el error de ese famoso Dante, que sentado bajo un olivo en la Toscana, trató de describirnos cómo era el paraíso, aunque él no tenía ni la más remota idea del aspecto que podía tener el paraíso, simplemente porque nunca había estado allí. Por eso su cuento, la „Divina Comedia“ es tan aburrido. Los esfuerzos que dedicó a intentar describirnos con nociones abstractas las bellezas del paraíso, son proporcionales a su total desinterés por esta vida, de la cual no tenía ni la menor idea.

Y el hecho de que esta hermosura árabe mostrase tal interés por la Virgen María que está sentada al lado de Dios Padre sobre un trono en el paraíso, nos sirve como el mejor de los ejemplos de una chifladura inusual.
Que el cuento de su invención le gustase, lo comprendemos perfectamente, porque alguna gente está tan interesada en el más allá como desinteresada en el aquí y ahora, así que gastan tanta energía en escudriñar lo que pasa en el más allá, sin ningún éxito por cierto, que no les queda tiempo para ver lo que pasa a tan sólo dos palmos de sus narices.

Si te digo la verdad, lector mío, yo no habría hablado de este cuento, pero como el cura narró este desabrido cuento, mentiroso e irrespetuoso con el octavo mandamiento, pues habla mal de mí, y como tras pasarla a la Santa Inquisición ésta lo divulgará a través de las iglesias de toda España, me veo obligado a rectificar lo que en él hay de falso.

No, a mí no me salvó la aparición de María, a mí me salvaron los 500 escudos que, a duras penas, consiguió reunir mi familia. La Santa Madre Iglesia, por la cual luché en la batalla de Lepanto me ofreció llegar al paraíso, al cual en ese preciso momento no quería irme.
El resto del cuento se puede contar en cinco minutos e inventarse luego miles de variaciones, porque desde el punto y hora en que la voluntad divina se mete de por medio, puede ocurrir cualquier cosa. Habría podido venir un ángel que nos llevara a Zoraida y a mí directamente a España, como también habría sido posible que Zoraida y yo camináramos sobre el mar hasta España, asimismo que todos los árabes hubiesen sido tragados por un diluvio y otras tantas miles de cosas.

No tengo ni idea de por qué el cura terminó su cuento de forma tan tradicional. Pues al final despachó su cuento inventando que Zoraida me dio una buena cantidad de dinero con el que compré un barco y nos fuimos a España.

Hubiera sido bastante interesante haber podido conocer cómo se figuraba el cura la vida que Zoraida llevaría en España; o sea, el modo en que viviría los treinta años que todavía tenía por delante. Por desgracia, de esto, el cura no nos cuenta absolutamente nada. A él le bastaba con que la voluntad divina se hubiese revelado y esto, no cabe duda que se parece muy mucho al comportamiento de Don Quijote. Él, por ejemplo, estaba muy orgulloso de haber liberado al mozo que fue fustigado por su amo y no le interesó para nada lo que pudiera pasar después de haberlo liberado.
Por presentar patrones de conducta tan similares como los apuntados, podemos colegir que nuestro cura está más loco todavía que Don Quijote.

 

chapter einundvierzig

Wo die Geschichte des Pfarrers weitergeht

Was hast du gemacht, während der Pfarrer darüber nachdachte, wie seine Geschichte weitergehen soll? Hast du nachgeschaut, ob es in der Küche was zu essen gibt, ein Stück Ziegenkäse, ein Stück Schinken, ein Stück Kuchen? Hast du dir einen Kaffee gemacht? Dann hast du Glück, weißt du, denn der Kneipenwirt hat mir gesagt, dass das Original noch länger ist, er sich aber nicht mehr richtig erinnere und ich erinnere mich nicht daran, was mir der Kneipenwirt sagte.

Der Pfarrer wollte eine Geschichte schreiben, er glaubte nämlich, dass eine Geschichte schreiben so was Ähnliches ist, wie eine Predigt in der Kirche zu halten, wo man uns immer eine Geschichte erzählt, deren Ende man ja schon kennt. Die Aufgabe erschien aber komplexer, als es ursprünglich schien, er musste jedoch fortfahren...

Jetzt geht es weiter! Ich werde also so fortfahren... die schöne Tochter von Agi Morati hatte vor, dem berühmten Saavedra Geld zu geben, damit er die Reise vorbereite, da sie mit ihm nach Spanien gehen wollte, denn seit ihr die Jungfrau Maria im Traum erschienen war, war es das, was sie sich am meisten auf der Welt wünschte. So sehr sehnte sie sich danach, auf christlicher Erde zu leben, dass sie bereit war, ihren Vater, ihr luxuriöses Leben, ihre Freundinnen und alles was sie liebte, hinter sich zu lassen, um in einem gottverlassenen Dorf in Spanien zu leben, vorausgesetzt, dass es dort eine Kapelle mit dem Bildnis der Jungfrau Maria gibt.

Mein Gott, was dieser Pfarrer für einen Müll im Schädel hat! Welches schöne Mädchen wird sich lebendig in einem Dorf vergraben, ohne Feiern, Tanz, Streiche, die Jungs verrückt zu machen und all die Dinge, die Mädchen nun mal tun. Wir wissen nicht, wie viele Geschichten von Märtyrinnen wie Lucia der Pfarrer im Laufe seines Lebens gelesen hatte, noch wie oft ihm die Jungfrau Maria so im Traum erschienen ist, wie Don Quijote der Amadis de Gaula höchstpersönlich, doch fest steht, dass er sich für einen Dichter hielt, der die Menschen rühren könne.

Heilige Einfalt! Was glaubt er, was eine Erzählung ist? Keinen Plan hatte er, mit Sicherheit nicht, denn eine Erzählung, die wirklich Kunst sein will, muss etwas sein, das uns neue Möglichkeiten zeigt, lässt uns Dinge sehen, die wir vorher nicht gesehen hatten, lässt uns die Welt besser verstehen, offenbart uns das Mysterium des Lebens, lässt uns etwas Neues beginnen. Sie muss witzig sein, kann sogar eine verrückte Geschichte sein, vorausgesetzt, es ist ein schöner Irrsinn und nichts so Fades, wie die Geschichte von einer jungen Frau, die sich ein Leben lang in einer Kapelle vor dem Bildnis der Jungfrau Maria einschließen will.

Geschichten dienen dazu, den Horizont zu erweitern und nicht dazu, irgendwas im Jenseits zu suchen. Man kann auch keine Geschichte über etwas schreiben, was jenseits des Horizontes liegt, denn über das, was Jenseits des Horizontes liegt, wissen wir nichts. Es gibt keine Geschichten, die vom Nichts berichten, vom Jenseits. Denn genau dies war der Fehler Dantes, der unter einem Olivenhain in der Toskana versuchte, das Paradies zu beschreiben, auch wenn er nicht die leiseste Ahnung hatte, wie denn dieses Paradies aussehen könnte, denn er war ganz einfach noch nie dort. Deswegen ist seine „Divina Commedia“ auch so langweilig. Die Anstrengungen, die er unternahm, uns mit abstrakten Begriffen die Schönheiten des Paradieses zu beschreiben, sind proportional zum Desinteresse, das er diesem Leben entgegenbrachte, von dem er keine Ahnung hatte.

Die Tatsache, dass sich diese arabische Schönheit so für die Jungfrau Maria interessierte, die neben Gottvater auf dem Thron im Paradies sitzt, ist das beste Beispiel für einen vollkommenen Irrsinn.

Dass ihm seine Geschichte gefällt, verstehen wir vollkommen, denn es gibt Leute, die so am Jenseits interessiert, wie sie am Diesseits desinteressiert sind, so dass sie soviel Energie darauf verwenden, was im Jenseits passiert, natürlich ohne jedes Ergebnis, dass ihnen keine Zeit bleibt, das zu erforschen, was sie vor der Nase haben.

Wenn ich dir die Wahrheit sagen soll, mein Leser, dann hätte ich diese Erzählung nicht erwähnt. Da aber der Pfarrer diese langweilige, verlogene Geschichte erzählte, die auch das achte Gebot missachtet, spricht sie doch schlecht über mich und da er sie, nachdem er sie der Heiligen Inquisition gegeben hat, mittels der Kirchen in ganz Spanien verbreiten wird, sehe ich mich gezwungen, alle Lügen, die diese enthält, zu berichtigen.

Nein, mich rettete nicht Marias Erscheinung, mich retteten die 500 Escudos, die meine Familie mit Mühe zusammenkratzte. Die heilige Mutter Kirche, für die ich in der Schlacht von Lepanto gekämpft hatte, bot mir an, ins Paradies zu kommen, wohin ich aber zu diesem Zeitpunkt nicht gehen wollte.

Den Rest der Geschichte kann man in fünf Minuten erzählen und später noch Tausende von Varianten erfinden, denn in dem Moment, in dem sich der göttliche Wille einmischt, ist alles möglich. Es hätte auch ein Engel kommen können, der Zoraida und mich direkt nach Spanien gebracht hätte, wie es auch möglich gewesen wäre, dass Zoraida und ich über das Meer nach Spanien gegangen wären, genau so gut, wie alle Araber von einer Sinnflut hätten verschluckt werden können und andere tausend Sachen.

Ich habe keine Ahnung, warum der Pfarrer seine Geschichte auf so traditionelle Art und Weise enden ließ. Denn er beendete sie damit, dass Zoraida mir einen Haufen Geld gab, mit dem ich ein Schiff kaufte und wir nach Spanien segelten.

Es wäre interessant gewesen zu wissen, wie sich der Pfarrer das Leben Zoraidas in Spanien vorstellen würde, also auf welche Weise sie die dreißig Jahre, die sie noch vor sich hatte, leben würde. Unglücklicherweise berichtet uns die Geschichte des Pfarrers nichts darüber. Ihm reichte es, dass der göttliche Wille geschehen würde und hierin ähnelt sein Verhalten zweifelsfrei sehr dem des Don Quijote. Dieser zum Beispiel war überglücklich, dass er den Jungen, der von seinem Herrn ausgepeitscht wurde, befreit hatte und interessierte sich nicht dafür, was mit ihm geschehen würde, nachdem er befreit ist.

Aus der Tatsache, dass er uns Herren zeigte, wie die oben beschriebenen, können wir schließen, dass der Pfarrer noch verrückter war als Don Quijote.